EDICIÓN 24: Agosto - Octubre '07

UN MUNDO AZUL EN CALMA




 

 





Es verano, las playas de Ibiza palpitan de calor y vida. La gente retoza con la luz centelleante, el aire vibra con los ritmos de los chiringuitos... pero a sólo unos metros existe un mundo azul y frío, en calma total. Comienza allí donde las olas rompen sobre la playa. Un equipo para respirar nos permite la entrada.













Quien se desliza por los fondos frente a la playa de Salinas flota sobre vastas praderas. La hierba de Neptuno, también llamada Posidonia, se mece con la suavidad de las olas. Un auténtico jardín bajo el agua que acoge a miles de especies: observando de cerca se pueden descubrir coloridos gusanos, esponjas, almejas, caballitos de mar, musgos, ascidias... Pequeños cangrejos se cobijan aquí hasta el atardecer, y sobre las verdes hierbas bancos de peces centellean con el sol. Bienvenidos al jardín de Octopussy.
Las costas rocosas de Ibiza, secas y despobladas por encima del nivel del agua, se llenan de vida en las profundidades marinas. Acantilados enteros están cubiertos de esponjas, anémonas, coloridas algas y liquen, creando obras de arte que cambian con el tiempo. En los huecos habitan morenas, anguilas, meros y cigalas. El mar y la roca han creado paisajes con cuevas, chimeneas, cañones y arcos por los que bucear. Por ejemplo, junto a Es Vedrá, la „roca mágica“, que esconde sus más bellos tesoros bajo el mar.








Enormes abanicos de mar, pegados a la piedra, brillan encarnados a la luz de las linternas de buceo. O en la costa de Formentera, que esconde grandes aperturas bajo el nivel del mar: llevan a enormes cuevas con paredes doradas, donde puedes volver a emerger.
Casi nada unifica los conceptos de fugacidad y nuevos comienzos como los restos de un naufragio: se convierten en un nuevo hogar para las plantas y animales del mar.
Normalmente se trata de barcos naufragados, pero Ibiza ofrece algo especial. Se encuentra en medio del gran azul junto a la isla S’Espardell. Ninguna señal lo indica, y la superficie del agua casi nunca lo delata. Con el mar en calma se pueden encontrar tenues estructuras en el fondo: largas sombras oscuras. Es un costado de la “plataforma Mariana”, una piscifactoría en desuso, que solía flotar en la superficie y ahora descansa sobre el fondo oceánico. Unos restos de dimensiones inusuales, que crean una atmósfera extraña. Esta enorme estructura de cemento se alza diagonalmente desde una profundidad de 32 a 12 metros, con pilares y restos que sobresalen hacia la semioscuridad. Bajo la plataforma un enorme banco de barracudas nada en círculos, y sobre la estructura misma diversos animales marinos se posan. Es un lugar que fascina una y otra vez.




Respirar bajo el agua
Quien desee visitar este mundo quieto y azul debe comenzar con una bajada de prueba. Tras una pequeña introducción puedes descender con un profesional a tu lado. Viajamos a través de la claridad turquesa, sobre el fondo marino luminoso hacia el jardín subacuático. Está a unos pocos metros de profundidad. Muy cerca están los que visitan la playa, el calor y los ritmos palpitantes – pero quedan lejos, mientras flotamos en la quietud.















Las primeras respiraciones bajo el mar, levitando como un astronauta, son inolvidables. Alguna gente sigue un curso para poder bucear a solas – y a más profundidad. Es importante saber cómo moverse en este otro mundo. Aprendes sobre la presión bajo el agua, cómo flotar, cosas sobre otras formas de vida. Y qué hacer si te entra agua en la máscara, cuando el regulador se te cae de la boca, o si se acaba el oxígeno.











Una vez hayas entrenado en aguas poco profundas, comienza la verdadera aventura: ir en barco a lo largo de los acantilados de Es Vedrá o cruzar hacia Formentera, para coronar el final del curso. Después de esto, océanos, lagos y ríos de muchos países estarán abiertos para ti. Quien se siente en su toalla y mire hacia el mar, donde las olas ruedan sobre la arena, puede pensar: el mundo no se detiene aquí. Va mucho, mucho más allá.

















 
 



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