EDICIÓN: Abril - Junio 2019

Facebook

Por Jerry Brownstein
Facebook se ha convertido en una de las mayores empresas del mundo, ofreciendo a la gente un espacio donde poder compartir lo que están pensando y haciendo. A pesar de la reciente controversia que ha rodeado a la empresa y a su fundador, Mark Zuckerberg, este gigante de las redes sociales sigue creciendo. En abril de 2019 cuenta ya con casi dos mil quinientos millones de usuarios activos en todo el mundo. Se ha convertido en una forma importante de conexión de la gente entre sí, y en una significativa fuente de información y noticias. Los ingresos de Facebook en 2018 fueron de unos 56 mil millones de dólares, originándose el 98% de ese dinero en la publicidad. ¿Por qué es tan lucrativa su publicidad? Porque tienen información que es tremendamente efectiva a la hora de manipular al público. ¿Y de dónde sacan tan valiosa información? De ti.



La mayoría pensamos que usamos Facebook gratis, pero esto es una ilusión. El modelo de negocio de la empresa está basado en la venta de información personal, que es utilizada para todo tipo de acciones, desde la publicidad customizada al fraude dirigido. Creemos que somos clientes de Facebook, pero la realidad es que somos meramente la fuente del producto que venden. Las vacas no son los clientes de una lechería… son simplemente la fuente de la leche que es vendida. Somos las “vacas” de Facebook y nuestra información personal es la “leche” que venden. Tú y tu red de amistades estáis siendo observados de cerca para cosechar esta “leche”. Tus hobbies, hábitos y preferencias son meticulosamente grabados, y estos datos personales son después vendidos a quienes quieran acceder a ellos. Facebook afirma que esto es tan solo con el objetivo de hacer un marketing segmentado, pero no ofrecen salvaguardias reales para impedir que estafadores, grupos de odio o agentes políticos utilicen tus datos.


El proceso de cosechar tu información personal va mucho más allá de lo que se imaginaría la mayor parte de la gente. Facebook toma nota, localiza y almacena absolutamente todo lo que hagas en su página: cada post, comentario, “me gusta”, mensaje privado y archivo que es enviado o recibido, así como todos tus contactos, listas de amigos, tu localización cada vez que entras, emoticonos, stickers y más. Incluso tiene la capacidad de acceder al micrófono de tu ordenador o de tu smartphone sin tu conocimiento. Si de repente te das cuenta de que recibes anuncios de productos o servicios de los cuales acabas de estar hablando, es probable que una o más de tus aplicaciones esté vinculada a tu micrófono.

Un periodista del Guardian quería saber cuánta información almacena Facebook de cada usuario, así que descargó su propio archivo. Hay de hecho una opción llamada “descarga tu información” (download your info) donde puedes hacer esto, pero ten cuidado: el tamaño de tu archivo podría ocupar casi toda la memoria de tu ordenador. El periodista llevaba tan solo unos años usando Facebook, y sin embargo había ya tanta información almacenada sobre él que se llenaban 400.000 documentos. La cosecha de datos de gente que empieza a usar Facebook a una edad temprana seguramente sea mucho mayor. Esto les daría a quienes compran o acceden de otro modo a esa información una imagen muy completa del individuo en cuestión. Si te crees que te escapas de esto usando Instagram y/o WhatsApp, replantéate esa idea. Facebook es propietaria de ambas empresas también y utiliza los mismos métodos de recogida de datos en esos medios para obtener tu información.


Facebook monetiza todos estos datos, animando a quienes se publicitan a dirigirse a gente en base a una amplia gama de características. Además de información básica como edad, género y localización, revelan temas muy personales como tus ideas políticas, educación, interés en ciertas apps o páginas web, etc. La pregunta que emerge de todo esto es sencilla: ¿confías en esta multinacional no regulada para que tenga el poder de ofrecer tu información personal a quienes quiera? Su fundador, Mark Zuckerberg, insiste en que la empresa fue creada «para que el mundo fuese más abierto y conectado» y para «darle a la gente el poder de construir comunidad». Eso suena muy noble y altruista, pero, ¿acaso la empresa está a la altura de este elevado estándar? Los problemas a los que se enfrentan por postear noticias falsas que han influenciado procesos electorales, hacen que estas palabras parezcan bastante vacías.

La empresa se enfrenta a una enorme controversia porque compartieron datos de más de 87 millones de americanos usuarios de Facebook con organizaciones que usaron esa información para influenciar a los votantes en las elecciones de EE.UU. del 2016. Investigaciones realizadas por el New York Times y otras agencias de noticias han demostrado que esto se está haciendo también en las elecciones de toda Europa. Tal vez lo más preocupante sea la forma en que ha respondido la dirección de Facebook ante la creciente presión sobre su papel en la injerencia electoral. Dicen que sienten lo que ha sucedido y que intentarán mejorar el filtrado de posts peligrosos. Pero la sinceridad de este esfuerzo no está en sintonía con el lema de la empresa, que es «¡Avanza veloz y rompe cosas!» Zuckerberg marcó esta línea en los primeros años de la empresa, diciendo: «Es más útil hacer que las cosas sucedan y disculparse después, que asegurarte de que tienes todos los aspectos legales cubiertos pero luego no conseguir hacer nada».


Como apuntó Roger McNamee, uno de los primeros inversores en Facebook, «fue la filosofía rebelde y la burla de la autoridad de Zuckerberg la que creó la forma de hacer negocios de Facebook.» Y continuó diciendo: «No es que tuviesen la intención de hacer daño (ayudando a quienes distorsionaron las elecciones), sino que no les preocupó la posibilidad de que pudiese hacerse ese daño». Esta falta de preocupación es un importante indicador de que esta empresa es demasiado irresponsable como para confiársele tanto poder. Les guía la mentalidad inmadura de un hacker cuya primera regla es “romper cosas”. Esto hace que sean institucionalmente inadecuados para ser guardianes efectivos de tu información, porque realmente tú les importas poco.


¿Quiere esto decir que deberías dejar de usar Facebook, Instagram, y WhatsApp…? Claro que no. Siguen siendo herramientas muy útiles, mientras las usemos con cierta atención. La primera norma es no poner ninguna información en esas redes que no quieras que sepa todo el mundo. No seas víctima de esa tendencia de nuestra sociedad que nos empuja a entregar nuestra identidad a impersonales bancos de datos. Internet aún tiene muy poca regulación así que no es seguro confiar tu información más personal a Facebook (ni a otros gigantes de la tecnología). La tecnología es una herramienta maravillosa, siempre que la usemos… en lugar de permitir que nos use a nosotros. Puedes pensar que no tienes nada que ocultar, pero aún así necesitas un cierto nivel de privacidad personal para mantener tu autonomía e individualidad. La privacidad es la llave para la libertad de pensamiento… y si la entregas, estarás entregando tu poder… y tu esencia. •