EDICIÓN: Febrero - Abril 2019

Madurar con elegancia

Por Jerry Brownstein
Para la mayoría de la gente, “envejecer” es sinónimo de dolores, molestias, mala memoria, soledad y, finalmente, la muerte. Hacerse mayor es inevitable, pero las investigaciones muestran que cómo te lo planteas puede suponer una enorme diferencia en cómo envejeces. Mantener unos estereotipos negativos sobre el envejecimiento puede resultar en un impacto significativo en tu calidad de vida, y además impedir que vivas a plena capacidad. Por otra parte, tener una visión positiva puede ayudarte a que tu apariencia, sensaciones y acciones sean más juveniles. Una compilación de estudios recientes, que fueron diseñados para poner a prueba el efecto de las actitudes positivas hacia el envejecimiento, revela que todos han tenido resultados similares. Una y otra vez, han revelado que la gente que sostiene visiones más positivas sobre la madurez son generalmente más fuertes, más flexibles, obtienen mejores resultados en pruebas de memoria y de hecho viven más tiempo.

Un estudio notable sobre este fenómeno tuvo lugar ya en 1981, cuando ocho hombres de setentaitantos años fueron llevados a un monasterio reconvertido en New Hampshire, EE.UU. Todos estaban razonablemente sanos, pero la edad había hecho mella. Unos cuantos estaban encorvados por artritis, mientras que otros caminaban con la ayuda de un bastón. Estos hombres no tenían ni idea de lo que les esperaba, pero al cruzar la puerta debieron sentir que entraban en una cápsula del tiempo… que les llevó más de 20 años atrás, a los años 50. Se oían canciones de esa época en la radio y había una tele en blanco y negro que mostraba programas populares de entonces. Todo en su interior, incluyendo los libros en las estanterías y las revistas que había por las mesas, estaba diseñado para hacerle a uno pensar y sentir que era 1959. Este sería el hogar de estos hombres durante cinco días, mientras participaban en un experimento radical creado por una joven profesora de psicología llamada Ellen Langer.


Sus días se llenaron de conversaciones sobre los eventos “actuales” del día… solo que se trataba de los eventos de 1959. Se habló de los deportes, la política, la música y las películas de entonces, en tiempo verbal presente. No había espejos, ni ropa moderna, ni fotos, excepto retratos de estos hombres cuando eran mucho más jóvenes. Todo estaba montado para crear la ilusión de que habían vuelto a ser como 22 años antes. Antes de llegar, se les habían hecho una variedad de pruebas para determinar los biomarcadores de su edad: fuerza de agarre, destreza manual, flexibilidad, oído, visión, memoria y cognición. Al final de los cinco días se les hicieron de nuevo, y mostraron ser más flexibles, tener mayor destreza manual, mejor postura y, posiblemente lo menos probable de todo, había mejorado su visión. Fueron observados por jueces independientes antes y después, que dijeron que parecían mucho más jóvenes tras esos cinco días. Al esperar el autobús que les llevaría a casa de nuevo, estos abueletes que antes estaban algo decrépitos se lanzaron espontáneamente a una enérgica partida de fútbol. Según la Profesora Langer, «los resultados eran casi demasiado buenos: era como si estos hombres hubiesen vivido una cura milagrosa en Lourdes. Habían colocado su mente en un tiempo anterior, y sus cuerpos les siguieron en el viaje».

Todos hemos oído el cliché de que “la edad es sólo un número”, pero estudios como este están demostrando que volver atrás el reloj de forma psicológica puede de hecho volverlo atrás físicamente. Esto no significa que no envejezcamos, sino que nos mantenemos más jóvenes en cuerpo y mente durante mucho más tiempo de lo que se cree convencionalmente. Combinar un estilo de vida saludable con pensamientos positivos sobre el envejecimiento hace que sea muy posible para una persona de más de 60 años de edad estar en mejor forma que el treintañero medio. Tu edad en años mide cuántas veces has dado la vuelta completa al sol, pero tu edad biológica real viene determinada por tus elecciones, hábitos… y actitud. Cuidar de tu cuerpo físico es, por supuesto, una parte esencial del proceso. Esto incluye comer de forma saludable, hacer ejercicio regularmente, reducir el estrés y dormir lo suficiente y con calidad. Todas estas cosas son necesarias para un cuerpo sano, pero es igualmente importante tener una actitud mental que asocie madurar con estereotipos positivos.



Nuestras mentes están llenas de preconceptos negativos sobre el envejecimiento, que nos dicen lo que debemos esperar de nosotros mismos y de otras personas a ciertas edades. La Dra. Langer y sus 35 años de experimentación han demostrado que cambiar estas actitudes programadas puede revertir muchos de los declives físicos de la edad avanzada. Su famoso experimento inicial lo consiguió poniendo a esos hombres en un entorno que les recordó un tiempo en el que eran más jóvenes. Esto creó una actitud mental juvenil que envió mensajes a sus cuerpos que les hicieron sentirse y actuar como si fueran más jóvenes. En su libro, “En sentido contrario a las agujas del reloj: Salud Consciente y el Poder de la Posibilidad”, ella explica cómo sus siguientes estudios han mostrado que hay muchísimas formas de reprogramar la mente para que podamos madurar con elegancia, sin tener que entrar en una cápsula del tiempo. Solo debemos ser más conscientes sobre lo que pensamos, decimos y hacemos.

Una de las cosas más importantes que uno puede hacer es dejar de usar frases como “para mi edad”. Por ejemplo: «Estoy bastante en forma para mi edad», o bien: «qué esperas de alguien de mi edad». Frases como estas refuerzan nuestro prejuicio programado de que hacernos mayores hace que cada vez seamos menos de lo que fuimos en todos los aspectos. Otra cosa a vigilar es no quedarse anclado en el pasado. Está muy bien recordar de vez en cuando algo divertido que sucedió en el pasado, pero mucha gente mayor se pasa mucho rato quejándose del presente y/o hablando de “los buenos viejos tiempos”. Tal vez la mejor regla en general sea que si te encuentras comportándote como el estereotipo de la típica persona vieja… dejes de hacerlo. Un ejemplo es que la gente mayor a menudo hace sonidos de dolor y exasperación como “¡uuuf!”, “¡aaaay!”, etc. No es necesario físicamente emitir estos sonidos, pero estamos entrenados para ello ya que esperamos que la gente vieja haga eso. La solución sencilla: cuando te oigas a ti mismo empezar a hacer sonidos así… ¡deja de hacerlo!



Ser más conscientes de lo que decimos y hacemos nos permite evitar caer en la trampa de convertirnos en el estereotipo de la persona mayor. El Profesor Jeffrey Rediger, de Harvard Medical School, lo resume así: «La Dra. Langer ha abierto las puertas a la comprensión de que madurar con elegancia, salud y fuerza es algo que tiene origen en nuestra mente y en cómo nos experimentamos a nosotros mismos en el mundo. Podemos cambiar nuestras imágenes programadas de lo que nos parece y de cómo sentimos la vejez, creando nuevas imágenes positivas que se reflejarán y se manifestarán en nuestro comportamiento físico y mental». •

«No dejas de jugar cuando te haces viejo…

sino que te haces viejo cuando dejas de jugar»