EDICIÓN 21: Febrero - Abril '07

BIOCONSTRUCCIÓN 2









--------------------------- 2º Parte -------------------------
Posicionando una casa sana
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En Bioconstrucción uno de los aspectos más cruciales es elegir correctamente el lugar donde edificaremos. Es importante tener en cuenta la orientación, así como una serie de factores que, sin saberlo, pueden incidir de forma muy directa en la salud de los ocupantes de la casa. Estos factores a menudo ignorados son las alteraciones geológicas: venas de la tierra o aguas freáticas, fallas geológicas, campos de radiaciones artificiales como tendidos de alta tensión y las diferentes antenas de telefonía móvil (que emiten micro-ondas y otros tipos de señal). Hay otros factores de riesgo como son el ruido, la contaminación del aire, del agua o del suelo, las toxinas medioambientales artificiales… Es por ello muy recomendable la realización de un estudio geobiológico previo a cualquier construcción.




Hay muchos aspectos que ya son estudiados y considerados en la arquitectura convencional, como la posición del sol, por lo que nos centraremos en aquellos que son más desconocidos pero que la Bioconstrucción tiene muy en cuenta.

Las venas subterráneas o aguas freáticas:







Las aguas subterráneas causan unas corrientes energéticas que fluyen de forma vertical y se detectan a nivel del suelo, constituyendo variaciones de la radiación electromagnética, que causan entre otras cosas la ionización del aire. Hoy ya es posible su medición con instrumentos de tecnología avanzada. También el zahorí, actualmente como en la antigüedad, es capaz de captarlas, utilizando dos varas de madera y su propio cuerpo como catalizador. La ciencia que estudia y une estos conocimientos ancestrales y la tecnología actual se llama “geobiología”.





Si las aguas freáticas no son localizadas y tenidas en cuenta a la hora de ubicar la casa, pueden ser causantes directas de la humedad ascendente por la estructura de la vivienda, creando condiciones adversas para el mantenimiento de la misma y para la salud de las personas que la ocupan, causando dolencias como el reúma y un largo etcétera.

La Red Hartmann:





Nuestro planeta posee un núcleo que se comporta como un gigantesco imán, cuyos polos coinciden aproximadamente con los geográficos, aunque van variando de posición y polaridad con el transcurso de los milenios (hace unos 500.000 años la aguja de una brújula habría señalado el polo Sur). Podemos entender las líneas Hartmann como muros de energía de unos 21 cm. de espesor proyectados desde el subsuelo. Estas líneas recorren la tierra de Norte a Sur de forma paralela a intervalos de 2 m., y de Este a Oeste a intervalos de 2.5 m., creando una cuadrícula, con densidad e intensidad variables de acuerdo a la hora del día o a la climatología.




Cuando las personas atraviesan o se exponen a una línea Hartmann se modifica su campo de resistencia eléctrica, aunque de forma tan mínima que no puede causar problemas: los seres vivos estamos totalmente adaptados a estas líneas y las toleramos bien, excepto en los casos de ciertos desequilibrios energéticos, ya que nuestro propio cerebro funciona a través de impulsos eléctricos.







La intensidad de las radiaciones en los cruces de las líneas Hartmann, o cruces H, se duplica. Se estima que las exposiciones prolongadas a estos cruces son responsables de ciertos trastornos y perturbaciones que pueden reducir la calidad de vida. Es por ello que es recomendable tener en cuenta estas líneas electromagnéticas al posicionar la cama, por ejemplo, donde pasaremos un tercio de nuestra vida descansando.
Es interesante tener en cuenta estas energías invisibles a la hora de construirnos una vivienda, e incluso considerar si pueden estar causando algún mal inexplicable que nos afecte. A veces, bastaría con cambiar la cama de sitio para dormir mejor y ¡sentirnos más descansados por la mañana!











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