EDICIÓN 44: Diciembre - Febrero 2011

Una escuela en SENEGAL

Texto: Helen Howard
Mucha gente sueña con las vacaciones perfectas: nadar con delfines, descubrir las maravillas del mundo o languidecer en alguna playa exótica…
 
Para Paola y su marido Carlo (residentes en Ibiza desde hace años), unas vacaciones perfectas han sido siempre sinónimo de vivir algo diferente. Durante años han considerado que su tiempo libre no era sólo para relajarse, sino también para desconectar y comunicar con otras culturas, tener tiempo para explorar nuevas capacidades y experiencias, buscando siempre un nivel de satisfacción más profundo que el que puede brindarles el simple turismo comercial.


 

Hace dos años y medio, organizaron unas vacaciones familiares en Senegal, donde estuvieron en una pequeña aldea llamada Kaguit, en Casamance, hospedados en casa de la familia del jefe local. Su intención era implicarse en las actividades de la escuela de la aldea, así que justo antes de viajar organizaron un evento de recaudación de fondos en el colegio de su hija en San Carlos, gracias a lo cual pudieron llevarse consigo material para dibujar y algunos dibujos elaborados por los alumnos de la escuela.
 
Sorprende que las habilidades artísticas no ocupen un lugar destacado en los planes de estudio de muchas de las escuelas africanas, y es que hay mucha presión ejercida sobre las asignaturas consideradas como imprescindibles. Muchos de los niños africanos nunca han hecho un dibujo ni han tenido acceso a material de pintura. Otros artículos también escasean, como los libros de texto que sólo son para el maestro. Los alumnos tienen que copiar la lección escrita en la pizarra y queda poco tiempo para comentarla. La insistencia de concentrarse sobre las asignaturas más académicas en parte está motivada porque durante la estación de las lluvias la mitad de las escuelas quedan dañadas, lo que significa que las clases se interrumpen, a menudo durante meses después. Esta situación es muy frustrante para los niños, que a pesar de esforzarse mucho nunca pueden terminar el programa escolar y eso les impide poder superar los exámenes necesarios para pasar al curso superior.





La situación también es frustrante para los maestros, que sin embargo suelen estar muy motivados a pesar de cobrar más bien poco por su trabajo. Durante su estancia, Paola y su marido fueron testigos directos de dichos obstáculos tan recurrentes y empezaron a preguntarse si no podían hacer algo para ayudar. Pero no tenían mucho dinero que aportar y tampoco querían adoptar la típica postura del “rico occidental” que aparece con una solución rápida pero quizás poco adaptada.
 
Lo que sí estaba claro era que la gente de la aldea quería construir una nueva escuela, o al menos reformar la antigua aprovechando la escasa estructura sólida ya existente. La mayoría de los aldeanos estaban dispuestos a colaborar en la construcción y los materiales podían conseguirse allí mismo. El único problema parecía ser que había que conseguir unos 16.000 euros para llevar a cabo el proyecto. Lejos de desanimarse, Paola y Carlo pensaron que para los niños sería importante que parte de ese dinero lo generaran ellos mismos, así que durante los dos siguientes viajes los alumnos se comprometieron a realizar actividades de recaudación de fondos. Primero, les enseñaron a hacer estampaciones sobre camisetas y luego un artista también enseñó a muchos a pintar. Tras varias sesiones, los niños elaboraron dibujos sobre unas tablas individuales que Paola y Carlo se trajeron a Europa. Por ahora se han vendido 90 de los 120.

 

Con el objetivo de gestionar los fondos que se fueran recaudando, Paola decidió crear una asociación en Ibiza llamada “Mundos Iguales”. Actualmente cuenta con unos 30 miembros que se han interesado en el proyecto, cada quien a su manera, algunos donando cinco euros al mes y otros ayudando a organizar actividades. La última tuvo lugar en noviembre, en Sansara, donde hubo comida, bailes y productos artesanos.
 
Cada evento requiere mucho esfuerzo y recaudar la cantidad antes mencionada ha resultado ser mucho más complicado de lo que se esperaba. Sin embargo, el interés por el proyecto es creciente y hay más actividades previstas, por lo que Paola es optimista y cree que para abril 2011 ya se pueda empezar a construir la nueva escuela. Mientras, ella sigue visitando la aldea, a veces con su marido y otras junto a su hija de cinco años.
 
Casamance, la provincia del sur de Senegal, es una región relativamente pacífica, aunque hace apenas diez años la zona estaba profundamente afectada por la guerra civil, por lo que aún hoy existe una fuerte presencia militar. Los viajes de Paola han llegado a ser interrumpidos y ella interrogada cada 2 km, si bien con el tiempo la empiezan a conocer y su trayecto es cada vez más fluido. De todos modos, por ser extranjera habitualmente debe abandonar la aldea alrededor de las 5 de la tarde y volver a la ciudad más próxima. No se le permite tomar foto alguna. No obstante, como en muchos lugares donde la guerra y la sospecha se han cobrado un alto precio, sus gentes siempre encuentran maneras de reinventar su propia realidad. Paola señala que a menudo en una misma familia hay musulmanes, cristianos y animistas que conviven en gran armonía, y la bienvenida que recibe de los niños y los padres de la aldea le recuerdan sin cesar que sus esfuerzos son una valiosa contribución para el empoderamiento de la generación más joven.





Vacaciones como voluntario

Para mayor información sobre diversas “vacaciones como voluntario” en ámbitos tan distintos como la conservación de la vida salvaje, la construcción ecológica, el trabajo con niños de la calle, la educación o el arte, ponte en contacto con:


www.responsibletravel.com                       www.helptravel.org

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