EDICIÓN: Octubre - Diciembre 2018

El poder de la música

Por Krishna Dias
Ahí estás, sintiéndote triste y deprimido... y de repente tu humor cambia cuando escuchas una canción. ¿Quién no está familiarizado con esta maravillosa sensación? Sabemos que la música nos conmueve profundamente, pero ¿por qué es así? Incluso Charles Darwin, el padre de la teoría de la evolución, se declaró desconcertado por nuestra capacidad de entender y crear música. Para él, era «una de las habilidades más misteriosas de los seres humanos». Los sacerdotes y las sacerdotisas de las sociedades tradicionales utilizaron las artes secretas del sonido, la música y las palabras para enseñar, curar e ilustrar. Estas tradiciones creían que el sonido es un vínculo directo entre lo humano y lo divino. La música nos afecta tan profundamente que parece magia. ¡Algunas personas cuando escuchan cierta música incluso sentirán que se les ponen los pelos de punta! Los diferentes sonidos que escuchamos resuenan en nuestros tímpanos, pero también van mucho más profundo dentro de nuestra conciencia. El oído humano puede captar hasta 20.000 vibraciones por segundo, pero el cuerpo humano es aún más sensible ya que continúa sintiendo vibraciones que ya no pueden oírse.

Hay varias teorías sobre por qué estamos tan conectados con la música. Una de las ideas más populares dentro de los círculos científicos es que la música surgió de la “selección sexual”, como una especie de exposición sensual que haría que un individuo se destacara sobre los demás en los rituales de apareamiento. Sin embargo, otra teoría fue sugerida por una investigación llevada a cabo por la Universidad de Wisconsin (EE.UU.), que mostró que algunos temas musicales están relacionados con las llamadas emocionales de nuestros ancestros. Por ejemplo, el sonido de un staccato ascendente (una serie de notas cortas y separadas) tiende a ponernos en estado de alerta, mientras que las notas largas y descendentes tienen un efecto calmante. Estos patrones de sonido parecen contener significados universales para las personas en muchas culturas diferentes, y también resuenan con los animales. Quizás la música refleja las asociaciones que hicimos con los sonidos emitidos por los animales, ayudándonos a expresar nuestros sentimientos antes de tener palabras. Pudo haber sido un tipo de proto-lenguaje que abrió el camino a la palabra hablada.



La música ha sido parte de las actividades humanas desde el comienzo de nuestra existencia. Ninguna cultura presente o pasada que conocemos se quedó sin música. Algunos de los artefactos más antiguos que se encuentran en las excavaciones arqueológicas son instrumentos musicales: flautas hechas de huesos y pieles de animales estiradas para ser utilizadas en la percusión. La historia nos dice que los antiguos egipcios, de quienes los griegos tomaron muchas de sus ideas en los campos de las matemáticas y la música, creían que el universo poseía una armonía musical perfecta. Para ellos, el Sistema Solar tenía su propia octava que vibraba en armonía con el resto del universo. Consideraban que cada planeta dentro de nuestro sistema solar tenía su propio tono particular, y que en conjunto, los planetas creaban un arreglo musical coherente.

En el mundo de hoy, comenzamos a reconocer el poder de la música en muchas áreas, incluida la curación y la cohesión social. La musicoterapia ha obtenido resultados sorprendentes en personas de distintas edades con diferentes dificultades físicas y emocionales, incluidos niños con capacidades diferentes, como el autismo. Los estudios de culturas primitivas muestran que la música también es un factor importante en el desarrollo de las sociedades humanas. Cuando nuestros antiguos antepasados comenzaron a vivir en grupos cada vez más grandes, cantar y bailar juntos les ayudó a ser más altruistas y a construir una identidad colectiva más fuerte. Participar activamente en la música aumenta su impacto, pero no es absolutamente esencial para sentir sus beneficios. Simplemente escuchar una canción que produce un “escalofrío musical” puede ser suficiente para aumentar el altruismo.



Según estudios en neurociencia, cuando te mueves en sincronización con otra persona (como cantar y bailar), tu cerebro comienza a crear una niebla en tu percepción de ti mismo. Empiezas a pensar y sentir que los demás son similares a ti y comparten tus opiniones. Con más solidaridad y menos conflictos internos, un grupo está mejor equipado para sobrevivir y reproducirse... y la mejor manera de hacer que las personas se muevan juntas es a través de la música. Esto queda bellamente ilustrado por la musicalidad de la tribu BaBinga, en África Central, que tiene canciones y bailes especialmente dedicados a la mayoría de sus actividades diarias. Todo, desde recolectar miel hasta cazar elefantes, tiene su propia melodía.



La música realmente tiene el poder de unir. Como tiene un efecto tan importante en nuestras relaciones, parece lógico pensar que también se mueve en sincronización con nuestros corazones... ayudándonos a crear conexiones emocionales. Todos podemos pensar en canciones que están asociadas con algunos de los eventos más importantes en nuestras vidas. Desde el momento de nuestro nacimiento hasta el día en que morimos, vivimos en una banda sonora... rodeados de melodías que están trenzadas con nuestras vidas. Entonces, no es sorprendente que todos nos sumerjamos en un cóctel de emociones y recuerdos cuando escuchamos nuestras canciones favoritas. Claramente somos seres musicales, y poseemos dentro de nosotros el don de la música, es parte de nuestra naturaleza. La música nos ha rodeado y nutrido desde el momento en que fuimos concebidos. Desde los sonidos que nos llegaron en el vientre de nuestras madres hasta el latido de nuestros propios corazones... la música y el ritmo siempre han sido una parte importante de nuestra propia esencia. •


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