EDICIÓN: Abril - junio 2018

Historia de Ibiza - 3ª parte: Las diosas de la Ibiza antigua

Emily Kaufman
En el mundo antiguo, la religión fue un elemento central. Así pues, para entender la historia en toda su complejidad, debemos contemplar no sólo los acontecimientos políticos como las guerras y la gobernanza, sino también las creencias espirituales que animaban y sostenían a las sociedades de antaño. Ibiza, según las evidencias dejadas por abundantes restos arqueológicos, desarrolló una faceta religiosa muy marcada, especialmente durante la época pre-romana. Es posible que los nombres de los dioses y diosas que integraron su panteón – ocho en total – no nos suenen tan familiares como los de sus homólogos greco-romanos, no obstante, surgieron de la misma matriz cultural que forjó a todas las deidades mediterráneas. A principios del siglo XX, una serie de excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en los santuarios isleños, especialmente es Culleram (cerca de Sant Vicent) e Illa Plana (cerca de Botafoch), arrojaron luz sobre estas figuras míticas, despertando un interés creciente… sobre todo en torno a la diosa principal de Ibiza, Tanit.

Las divinidades veneradas en Ibiza (salvo una) originaron en Fenicia, habiéndose trasladado hacia el oeste por medio del comercio y la colonización. Ya para finales de siglo VII a.C. (hace 2.600 años), la diversificación del politeísmo fenicio empezaba a sustituir a la adoración de la naturaleza anteriormente practicada en la isla durante la Edad de Bronce. Antes de conocer a las tres diosas de la isla individualmente, reflejémonos en algunos de los fundamentos de la cosmología fenicia. La religión cananea fue regida por una deidad dual compuesta por un dios y una diosa. La divinidad masculina se percibía como una figura remota que, en algún tiempo lejano, había puesto el mundo en marcha, tras lo cual retrocedió a un plano pasivo, dejando a la divinidad femenina como figura principal de veneración y suplicación. Dentro de este armazón básico, la religión fenicia se practicaba en todos sus territorios, adaptándose con su carácter maleable a las costumbres de cada polis o colonia. En el caso de Ibiza, las prácticas isleñas se modelaron originalmente en las de Tiro y más tarde en las de Cartago, aunque los propios valores isleños siempre prevalecían.

La primera diosa de la cual existe evidencia arqueológica en Ibiza es Astarté, una antiquísima diosa semítica que personificaba a la madre naturaleza. Reinaba como la deidad femenina suprema en Fenicia, siendo la asimilación de la Ishtar babilonia y la Isis egipcia, convirtiéndose más tarde en la Afrodita griega y la Venus romana. En su culto, al igual que sucedía con muchas otras diosas de la fertilidad, se practicaban ceremonias del hieros gamos (matrimonio sagrado) y unión carnal. Para la mente antigua, mantener la fertilidad de la tierra era una cuestión de sobrevivencia que requería una serie de observaciones religiosas prescritas, entre ellas el coito entre personajes exaltados como reyes y altas sacerdotisas. Se creía que estos actos rituales invocaban al espíritu divino, haciendo fructíferas las tierras y abundantes los rebaños. Aunque este tipo de rito de fertilidad mágico constituía un hilo común que atravesaba muchas culturas, no hay ninguna prueba de que fuera practicado en Ibiza. La suposición de que no lo era se basa en la escasez de terracotas atribuidas a Astarté en las excavaciones de Illa Plana y es Culleram, a diferencia de la profusión de figuras votivas atribuidas a Tanit.

Con toda probabilidad, durante el periodo fenicio temprano de Ibiza – cuando Astarté se veneraba – la isla habría sido demasiado pobre y despojada de habitantes como para soportar una clase sacerdotal u organizar ritos elaborados. Las estadísticas derivadas de la necrópolis de Puig des Molins durante este periodo (625 – 450 a.C.) indican que la población oscilaba entre 400 y 500 personas. Pero, para cuando la cultura púnica-ebusitana llegó a su zenit (450 – 325 a.C.), con una población robusta excediendo las 5.000 personas, Astarté ya no se adoraba en el Mediterráneo occidental. Pues, había llegado Tanit, remplazándola de manera abrumadora como la gran diosa madre y divinidad principal de la isla.

Tanit fue una diosa de la fertilidad, pero en eso acaba su similitud con Astarté. Tanit no se concebía como una diosa del amor y la sexualidad, sino como la personificación majestuosa del imperio púnico. Es más, fue adoptada intencionalmente por Cartago como símbolo de su independencia política, ya que en el 480 a.C., Cartago dejó de pagar tributos a Tiro y se estableció como la potencia marítima preeminente del Mediterráneo occidental. También se fue convirtiendo en el granero principal de su esfera geopolítica mediante la cultivación de extensos territorios del interior del Norte de África. Para esta nueva empresa, Cartago necesitaba una nueva diosa agraria que protegería los campos, regularía el tiempo y aseguraría unas cosechas abundantes.

En vez de avocar estos resultados a través de los antiguos ritos sexuales levantinos, optaron por Tanit, una anunciadora virginal de la primavera que había sido una deidad menor en la polis fenicia de Sidón. Cartago la trajo hacia el oeste y la elevó al estatus de gran madre. En Ibiza, rápidamente surgió un culto devoto alrededor de su figura y fue honrada durante siglos con un gran festival en el santuario de es Culleram. Estos ritos anuales celebraban el retorno de la fertilidad a los campos hacia finales de febrero o comienzos de marzo. Un gran sacerdote oficiaba mientras los isleños hacían sus ofrendas de ganado y otros productos. Las cabras y ovejas se sacrificaban ritualmente, el incienso se quemaba y, tras las debidas libaciones, la carne se asaba para servirse en un banquete comunal. Otras ofrendas incluían leche, miel, pan, aceite, fruta, etc., todo lo cual se disponía en medio de música y bailes.

Más allá de su función agraria, Tanit se veneró como una gran diosa madre todo-abarcadora con poderes sobre la fertilidad, la guerra y los augurios. Reinaba sobre las tres esferas de la existencia: los cielos, la tierra y el inframundo. Fue concebida como una madre virginal cuya leche cuantiosa nutría y renovaba la tierra. En este aspecto se diferencia claramente de la potencia carnal de Astarté. La distinción se hace patente en el hecho de que, históricamente Astarté se transfiguró en las diosas de amor Afrodita y Venus, mientras que Tanit se identificó con Juno, la reina de los cielos y la consorte del dios supremo Júpiter.

Una cuestión que podría estar inquietando a algunos lectores es el tema del sacrificio infantil, que se realizaba en nombre de Tanit en varios centros de devoción, notablemente en Cartago y Cerdeña. Aunque hay mucho que se podría comentar al respeto, nos limitaremos a un solo hecho: no se hacía en Ibiza. Esta conclusión se determinó por el corpus directivo del Museo Arqueológico de Ibiza tras años del más minucioso análisis científico de todas las excavaciones isleñas, sobre todo de la necrópolis principal. Ninguna evidencia soporta esta práctica, mientras abundantes indicaciones argumentan en su contra.

Pasando a la tercera de las diosas veneradas en la Ibiza antigua, encontramos a la diosa griega Deméter, que llegó a la isla a través de Cartago. Como una diosa de la fertilidad, la agricultura y el matrimonio, guarda un gran parecido con Tanit, pero las dos se distinguen arqueológicamente. Deméter se asimiló posteriormente al sistema romano como Ceres.

Con esto, concluimos nuestro repaso de las diosas de la Ibiza antigua. Continuaremos en la próxima edición con una indagación sobre sus deidades masculinas.