EDICIÓN: Octubre - Diciembre 2017

El aliento de la vida

Sabina Brownstein
Hay estudios que muestran que el mero hecho de aprender a respirar correctamente puede tener efectos positivos muy notables, tanto en tu cuerpo físico como en tu equilibrio emocional. El Estudio Farmingham del Corazón ha estado monitorizando a miles de participantes durante 30 años, y de ahí se han obtenido pruebas convincentes de que uno de los factores más significativos para la buena salud y la longevidad, es lo bien que respiras. Respirar correctamente es de vital importancia para mantener los niveles de oxígeno y enviarlo a las células de tu cuerpo, donde se crea energía. Además, un asombroso 70% de la eliminación de residuos del cuerpo se da a través de la respiración.

Desafortunadamente, la mayoría de la gente no recibe todos los beneficios de la respiración, y es que, de hecho, utilizan de media tan solo el 20% de su capacidad pulmonar. La buena noticia es que los malos hábitos respiratorios pueden cambiarse con la práctica, y el primer paso es comprender cómo funciona tu sistema respiratorio. Una analogía útil es pensar en tus pulmones como un fuelle de los que se utilizan para avivar el fuego. Cuando abres el fuelle, se crea un vacío en el interior que es lo que absorbe el aire. Después, comprimes el fuelle para forzar ese aire a salir (y ayudar a dar energía a la hoguera).

Tus pulmones funcionan de manera similar. Hay un músculo justo bajo los pulmones llamado diafragma. Cuando inspiras, es porque este músculo está empujando hacia abajo, lo que crea un efecto de vacío que absorbe el aire hacia tus pulmones (igual que al abrir el fuelle). Cuando el difragma se relaja hacia arriba, empuja el aire, que sale de los pulmones, haciendo que exhales (igual que al cerrar el fuelle). Puedes ver esto claramente al observar a un bebé que duerme boca arriba. Al inspirar, su tripita se eleva porque el disfragma está empujando hacia abajo sobre ella. Al exhalar, su tripita desciende de nuevo suavemente al empujar el diafragma hacia arriba. Tripa hacia fuera = aire que entra; tripa hacia dentro = aire hacia fuera.
Esta “respiración abdominal” es la forma en la que tu cuerpo debería respirar, pero la mayoría de la gente ha perdido este ritmo natural de la respiración y en su lugar toma solo respiraciones cortas con la parte superior del pecho. Respirar de manera superficial desde el pecho te aporta mucho menos aire por cada respiración, así que para compensarlo tu cuerpo toma muchas más respiraciones. Este patrón de respiraciones cortas y superficiales constriñe tus vasos sanguíneos, y como resultado llega menos oxígeno al cerebro, corazón y otros órganos. Además, tus exhalaciones se debilitan, así que no estás eliminando toxinas suficientemente con la respiración, con lo que se acumulan en el cuerpo. La forma de corregir esto es a través de una sencilla práctica de atención a la respiración. Cada mañana, antes de empezar el día, tómate un momento para observar tu respiración. Siéntate en la cama, cierra los ojos y siente cómo tu abdomen va hacia fuera al inspirar... y siente cómo desciende de nuevo al expirar. Sigue observando este ritmo natural y suave de tu respiración... y relájate. A lo largo del día, intenta ser consciente de vez en cuando de tu respiración y, si no es abdominal, entonces pon atención en cambiarla. A lo largo del tiempo, esta forma natural de respirar volverá a ser lo normal en ti.
Otro estupendo ejercicio de respiración es la Respiración Relajante 4-7-8. Puedes hacerla cada vez que quieras soltar estrés o simplemente para relajarte. Es también la forma perfecta de empezar una meditación. Lo primero que debes hacer es asegurar que la punta de la lengua está tocando el paladar, justo bajo tus dientes delanteros, y mantenerla ahí durante todo el ejercicio. Esto completa tu circuito respiratorio interno. Después, exhala por completo todo el aire haciendo un gran sonido, “fffffuuuu”. Ahora cierra la boca e inhala a través de la nariz contando hasta CUATRO... y mantén la respiración contando hasta SIETE. Finalmente, exhala a través de la boca (fffuuuuu) contando hasta OCHO. Repite el ciclo completo cuatro veces, utilizando el mismo ritmo o cadencia al contar hasta 4, 7 y 8.

Aprender a respirar bien es una de las formas más sencillas y a la vez más efectivas de re-equilibrar y energizar tu sistema entero. Al cambiar de forma consciente el ritmo y profundidad de tu respiración, estarás ofreciendo más oxígeno y vida a cada célula de tu cuerpo. También ayudarás a regular tu ritmo cardíaco, presión sanguínea, circulación y digestión. Además, hay estudios que muestran que respirar de forma más profunda activa la “respuesta de relajación” del cuerpo, un estado fisiológico de paz que te permite responder con mayor calma ante situaciones de estrés. Una forma estupenda de empezar a sentir estos beneficios es crear una práctica diaria que integre la respiración saludable en tu vida, calmando tu sistema nervioso y energizando tu cuerpo de forma natural. •