EDICIÓN: Junio - agosto 2017

BIG PHARMA - El problema de los medicamentos

Jerry Brownstein
Cuando la gente anglosajona habla de las principales empresas farmacéuticas del mundo, utilizan la expresión ‘Big Pharma’... y es que estas entidades realmente son ‘Big’, grandes. El año pasado sus ingresos totales fueron de unos 1.2 billones de euros: ¡¡1.200.000.000.000 €!! Se trata de una cifra gigantesca; para ponerla en perspectiva, supone tres veces el gasto anual total del Gobierno español al completo. Dado el tamaño de la Big Pharma, o Gran Farma, y su presencia en nuestras vidas, es importante hacerse dos preguntas: 1) ¿Es correcto que una industria gane una cantidad de dinero tan obscena a partir de las enfermedades de la gente? Y 2) ¿Se dedican realmente estas empresas a cuidar la salud de la gente?

Antes de entrar a profundizar en este debate, es importante señalar que muchos medicamentos farmacéuticos han sido tremendamente beneficiosos a la hora de salvar y mejorar las vidas de la gente. El descubrimiento de los antibióticos es tal vez el mayor ejemplo. Resulta difícil de creer hoy en día, pero las infecciones bacterianas más sencillas a menudo mataban o dañaban seriamente a un gran porcentaje de la población. Los antibióticos terminaron con esa lacra (aunque ahora estamos diluyendo su efectividad al sobre-recetarlos y administrarlos en exceso a los animales de granja). Muchos otros medicamentos también han ayudado a sanarnos y sustentarnos, y hay científicos dedicadísimos trabajando cada día para encontrar nuevas curas. Pero también existe un cáncer que está devorando el mismísimo corazón de esta industria, y es por ello que la Gran Farma está siendo cuestionada.

Las empresas farmacéuticas son corporaciones y, por definición, su único objetivo es generar dinero para enriquecer a sus accionistas. La manera en que una corporación gana dinero es tener una fuente constante de clientes que paguen un precio rentable por sus bienes o servicios. Los ‘clientes’ de la Gran Farma son personas enfermas. Así que lo mejor para esas corporaciones es que haya mucha gente enferma que pague un alto precio por sus pastillas y procesos. Su objetivo no es la salud ni tampoco el bienestar... sino todo lo contrario. Una población saludable sería un desastre para ellas. Gente sana = sin ‘clientes’ = sin beneficios = se acabó la corporación. Lo que hace que estas empresas prosperen es mantener a la gente permanentemente enferma para que se tomen todos los medicamentos posibles. La empresa no quiere que la gente muera... eso supondría la pérdida de un cliente. Solo quieren que estés lo bastante enfermo como para seguir comprando sus productos. Entonces, ¿cómo ponen en práctica este perverso plan de negocios?

El primer paso es lograr que la mayoría de los médicos estén de su lado. Los médicos recomiendan y recetan, y la gran mayoría de la gente hace lo que les dice su médico. Así pues, si la Gran Farma controla a los médicos, entonces controla a los pacientes (sus ‘clientes’). Este control comienza en la Facultad de Medicina. Las empresas donan millones a estas facultades para poder influenciar cómo son formados los médicos. Como resultado, los médicos salen de las facultades sabiendo mucho sobre qué medicamentos recetar, y muy poco, si acaso algo, sobre nutrición y otras formas de mantener la salud. Recordemos que la Gran Farma no desea ver una población saludable, así que los profesionales de la medicina son entrenados para gestionar la enfermedad... y no para promover la salud.

Tamaña influencia continúa tras la facultad de medicina, ya que casi toda la formación posterior que reciben los médicos está promovida por la Gran Farma. Regularmente envían a todos los doctores y hospitales información sobre los últimos medicamentos y para qué enfermedades prescribirlos. Las empresas además invitan a los médicos a conferencias, que en realidad son costosas vacaciones, repletas de aún más propaganda farmacéutica. Además, los médicos con consultas privadas reciben visitas constantes de agentes de las farmacéuticas que les dan muestras gratuitas junto con más información sobre los medicamentos más recientes.

Todo ello logra que los médicos estén de su lado, recomendando las pastillas. ¿Y cómo mantienen a la gente enferma de forma perpetua para que sigan pidiendo ayuda? La Gran Farma tiene varias formas de conseguirlo. Primeramente, los medicamentos que ofrecen no tratan las causas de las enfermedades, sino que abordan meramente los síntomas. Los pacientes (clientes) podrán sentirse mejor durante un tiempo, pero la enfermedad sigue ahí... así que siempre necesitan otra pastilla... u otra inyección. Además de ello, los medicamentos incluyen una larga lista de efectos secundarios potenciales que en realidad son nuevas enfermedades. Se trata de un círculo vicioso: el medicamento te aporta un alivio temporal de los síntomas de tu primera enfermedad, pero tomar ese medicamento durante un tiempo te lleva a otra enfermedad... y a otra después. ¿Qué hace el médico respecto a esas nuevas enfermedades? Te dice que te tomes otra medicina... con más efectos secundarios... y más enfermedades potenciales... y así una y otra vez... ¡No puede sorprendernos que la abuela tome cinco pastillas diferentes al día!

Otra manera en que la Gran Farma mantiene enganchados a sus clientes es a través de la publicidad y el testeo engañosos. El ejemplo perfecto de ello es un tipo de medicamentos llamados ‘estatinas’, que reducen el nivel de colesterol en sangre. Hace un tiempo se pensaba que el colesterol alto era una de las causas principales de las enfermedades cardiovasculares, así que se inventaron las estatinas para descender su nivel en las personas que tenían problemas previos de corazón. Pero esto no fue suficiente para la Gran Farma. Presionaron a varias asociaciones médicas para que expandieran constantemente el número de personas a quienes se les dice que tienen que reducir su colesterol. Al principio se te decía si tu nivel estaba por encima de 250; después descendió a 225... ahora a 200. Ahora es aún más bajo, y en muchos lugares estos medicamentos incluso son recetados para niños. Las estatinas se han convertido en la mayor fuente de beneficios de la historia de la farmacéutica, con millones de personas enganchadas a ellas de por vida... y, sin embargo, no funcionan.

A lo largo de los últimos 10 años, numerosos estudios han demostrado que el colesterol no causa ataques al corazón. No solo eso, sino que las estatinas tienen efectos secundarios muy graves cuando se consumen a largo plazo. Así que el miedo al colesterol y el uso masivo de estatinas no tienen base científica... pero la mayoría de la gente (médicos incluídos) aún lo creen. Esto es debido a que el público ha sufrido un serio lavado de cerebro al respecto, y estos nuevos estudios han sido silenciados por la Gran Farma. Este es tan solo un ejemplo flagrante de los extremos a los que llegan estas empresas para proteger sus beneficios... sin contemplar las vidas de sus pacientes/clientes.

Otro problema es la investigación engañosa. Las empresas de la Gran Farma de hecho financian gran parte de las investigaciones, y a menudo no informan de los estudios que no apoyan sus medicamentos. Incluso estudios que parecen correctos son engañosos. En un estudio de este tipo, mil personas enfermas recibieron el medicamento y otras mil recibieron una píldora falsa. Dos personas que tomaban la medicación murieron, mientras que tres personas que tomaban la píldora falsa murieron también. En otras palabras, poca gente murió, tomaran o no la medicación. Y sin embargo, ¡se anunció el medicamento como «un 50% más efectivo a la hora de salvar vidas»! Es cierto que 3 es un 50% más que 2... pero lo cierto es que menos de una décima de un 1% murió en ambos casos... y estadísticamente eso es casi cero. Este tipo de falsa publicidad se envía a doctores ocupados que no tienen tiempo de leer al detalle los estudios, así que aceptan el titular «¡50% más efectivo!»

Todo se reduce al hecho de que nuestra salud no debería tratarse como un negocio generador de beneficios. Cada día, millones de personas competentes y bien intencionadas van a trabajar como doctores, enfermeras, investigadores, personal hospitalario, etc... La inmensa mayoría de ellas se dedican a mejorar las vidas de las personas enfermas, pero por desgracia son peones de un sistema corrupto. El objetivo de nuestro sistema de salud no debería ser generar ingresos para las empresas farmacéuticas. Esto solo nos lleva a la perversa situación en la que estamos ahora: la Gran Farma quiere que todo el mundo tome muchos medicamentos cada día durante el resto de sus vidas. Curar a la gente es el opuesto total a su modelo de negocio. Si se descubriera una cura para el cáncer mañana, estas empresas perderían billones de euros de un día para otro, pues ya no obtendrían los ingresos de los costosos tratamientos de cáncer. El motivo de su existencia misma es ganar dinero, así que es comprensible que no permitan que se encuentren curas verdaderas. Esta es la locura que fundamenta nuestro sistema de salud: su objetivo son los beneficios, y no la salud. Es hora de despertar para ver cómo podemos avanzar de un sistema diseñado para gestionar la enfermedad para obtener beneficios, hacia uno que esté dedicado a mantener nuestra óptima salud en todo lo posible, mientras se sana a las personas que enferman. •