EDICIÓN: Junio - agosto 2016

Libérate del estrés

Jerry Brownstein
El estrés emocional de la vida moderna está mermando en gran medida nuestra salud, bienestar y felicidad. Diferentes estudios muestran que el estrés es un factor clave en las enfermedades cardio-vasculares, los problemas digestivos, los desórdenes auto-inmunes, el dolor crónico y muchas formas de cáncer. Cuando sientes estrés, se eleva tu presión sanguínea, se debilita tu sistema inmunitario y se acelera el proceso de envejecimiento. Es fácil decirte a ti misma «cálmate, relájate y tómate las cosas como vengan», pero hacerlo en realidad no resulta tan sencillo. Para poder gestionar de forma efectiva tu estrés, primero hemos de saber de dónde viene y por qué está tan presente en nuestro mundo actual. Comprender los orígenes del estrés nos permite dar los pasos necesarios para reducirlo de forma consciente, para que podamos llevar una vida más feliz y saludable.
 
El estrés se fundamenta en nuestro instinto de supervivencia. Como todos los demás animales, los seres vivos están programados para responder ante situaciones amenazadoras con un sistema de respuesta de emergencia llamado “lucha o huida”. Esta reacción automática prepara a nuestro cuerpo para, o bien luchar contra un peligro o amenaza con todas nuestras fuerzas, o bien huir de él a toda velocidad. Y funciona así: cuando tu cerebro detecta peligro, libera una ola de adrenalina y cortisol en el flujo sanguíneo, y estas sustancias químicas provocan una poderosa reacción física: se eleva la presión sanguínea, se tensan los músculos, la respiración se hace superficial y rápida, se detiene la digestión, el sistema inmune se reprime y todos los sentidos se ponen en alerta total. Esto revierte el ritmo regular de tu cuerpo, que normalmente te mantiene sano empleando el 90% de tu energía en el crecimiento y la renovación. La lucha o huida apaga todas estas funciones vitales y dirige casi toda tu energía hacia enfrentarte a lo que el cerebro percibe como una emergencia.
 
Este mecanismo temporal de defensa es crucial para poder sobrevivir en un entorno peligroso, pero si no se termina con rapidez causa un daño físico enorme que lleva a la enfermedad crónica en el cuerpo. El problema en nuestra sociedad moderna es que casi nunca se apaga, así que estamos constantemente reaccionando con miedo y ansiedad. La lucha o huida funcionaba de maravilla para nuestros ancestros, cuando se enfrentaban a situaciones de peligro para su vida como puede ser un animal salvaje y peligroso. Sus cuerpos se preparaban para pelear o correr, pero una vez que el animal se había marchado o sido dominado, la persona primitiva se relajaba... la respuesta estresada se detenía... y su cuerpo volvía a su estado normal de crecimiento y renovación. La diferencia hoy en día es que nos sentimos constantemente amenazados, así que nuestros cuerpos están continuamente entrando y saliendo del estado de lucha o huida.
  
¿Y por qué es esto? Una razón es que la evolución de los instintos de supervivencia no se han actualizado al ritmo de nuestras mentes pensantes. Nuestra capacidad para visualizar pensamientos ha evolucionado con mucha rapidez, mientras que nuestro sistema para enfrentarnos al peligro apenas ha cambiado. Nuestras mentes avanzadas son capaces de crear imágenes mentales que parecen totalmente reales para la parte primitiva del cerebro que desencadena la reacción de lucha o huida, por lo que éste reacciona ante toda situación difícil como si estuvieses en peligro físico. Así, estamos constantemente encendiendo el sistema salvavidas de emergencia para gestionar los problemas cotidianos, como  puede ser el miedo a hablar en público, un jefe difícil, los atascos en carretera, etc. La enorme cantidad de situaciones que conducen al estrés a las que nos enfrentamos a diario es lo que hace que sea tan difícil apagar ese estrés, y como resultado nuestros cuerpos se ven inundados con corrosivas hormonas de estrés.
 
El ejemplo perfecto de este problema es lo que sucede cuando las personas se preocupan de cosas que podrían o no suceder en sus vidas. Tus pensamientos preocupados sobre lo mal que podría ir una situación le parecen totalmente reales a la parte primitiva de tu cerebro. Así que reacciona como si el resultado negativo ya hubiese pasado, causando así la reacción de estrés. No en vano se dice que «preocuparse es el peor uso que se le puede dar a la imaginación». Otra enorme causa de estrés en nuestra sociedad es el hecho de que estamos constantemente expuestos a “noticias” en los medios convencionales que se basan casi por completo en mantenernos en un estado de miedo... y el miedo genera una respuesta de estrés.
 
La buena noticia es que hay muchas formas demostradas de reducir el estrés y disminuir sus efectos. Tal vez lo más sencillo sea simplemente mantenerte alejado de personas y lugares que te parezcan estresantes. Mantén la intención de darte cuenta de lo que te hace sentir nervioso o afectado (el tráfico, las aglomeraciones, las noticias negativas, la gente maleducada, etc.), y después haz un esfuerzo consciente por evitarlas en la medida de lo posible. Dicho esto, siempre habrá momentos estresantes en tu vida, pero hay herramientas sencillas que pueden ayudarte a gestionarlas con elegancia. El ejercicio regular es una forma estupenda de reducir la respuesta de estrés del cuerpo. Cualquier cosa física que hagas de forma consistente funcionará: Yoga, Qi Gong, correr, ir al gimnasio, etc... Caminar en la naturaleza reduce el estrés al combinar los beneficios del ejercicio con la relajante belleza de un entorno natural.
 
Finalmente, y la más importante de todas, está la meditación, una poderosa práctica que puedes incorporar con facilidad a tu vida diaria. Muchos estudios han demostrado que la meditación reduce el estrés, y esto lleva a una mejora significativa tanto en la salud física como en la mental. Meditar durante tan solo cinco minutos al día es suficiente para calmar la mente, relajar el cuerpo y revertir el proceso del estrés... y es también el camino hacia un nivel más profundo de paz interior y sabiduría. •