EDICIÓN 72: Agosto - Octubre 2015

La revolución de la política española

Jerry Brownstein

Durante el último año, el paisaje político español ha pasado por un turbulento cambio. Durante más de 30 años, el país ha sido gobernado o bien por el Partido Socialista (PSOE) o el Partido Popular (PP), pero esa dominancia bipartidista está sufriendo un serio reto que empezó con el meteórico ascenso de Podemos. Este partido ‘populista’ surgió de las protestas contra las duras medidas de austeridad que el gobierno impuso a los ciudadanos de a pie tras la crisis económica. En menos de un año, su popularidad se incrementó de forma drástica, casi desde la nada hasta prácticamente alcanzar la de los dos partidos dominantes. Otra fuerza reciente en la política española es el partido centrista Ciudadanos, que se ha expandido desde su base regional en Cataluña para ganar popularidad a lo largo del país. Con las elecciones nacionales celebrándose antes de fin de año, parece que, en lugar de la competición habitual entre dos partidos, tal vez seamos testigos de una carrera de cuatro caballos que podría llevar a cambios de calado en cómo se gobierna el país.
 
El ascenso de Podemos
Antes de la crisis económica de 2008, Pablo Iglesias era un profesor de ciencias políticas poco conocido, con coleta y un piercing en la ceja. Enseñaba a sus alumnos que la política es el estudio del poder, y que quienes lo ostentan pueden, y deberían, ser retados. Su postura era clara: el ascenso incesante del capitalismo rampante basado en la avaricia, la globalización y la privatización son las causas principales de los problemas a los que se enfrenta la gente normal. Iglesias se hizo notar durante el movimiento indignado contra los planes gubernamentales de austeridad en la primavera de 2011, y ganó popularidad explicando claramente su posición en la televisión y en sus discursos. Finalmente, en enero de 2014, él y sus seguidores lanzaron su propio partido político y lo llamaron Podemos. Con poco dinero y sin infraestructura, la mayoría de expertos lo consideraron otro partido de protesta más que estaba destinado a desvanecerse enseguida… pero se equivocaban.
 
Un año después de su fundación, Podemos se disparó hasta lo más alto de las encuestas políticas españolas. En enero de 2015, más de 150.000 personas se apiñaron en la famosa Puerta del Sol de Madrid para escuchar un apasionado discurso de Pablo Iglesias en el que cargó las tintas contra la casta, que es como él denomina a las corruptas élites políticas y empresariales que dice que han arruinado al país. El analista político José Ignacio Torreblanca explica así el ascenso: «Hay una demanda de cambio en la sociedad española, e indignación por los efectos de la crisis económica y su gestión, sobre todo en lo que respecta a la corrupción. Este nuevo partido, gracias al carismático liderazgo de Pablo Iglesias, ha logrado canalizar esa demanda de cambio». Podemos está transformando la política con una nueva forma de democracia abierta y directa. Utilizan tecnología punta para conectar con sus seguidores a través de páginas webs por la transparencia, votaciones online y un espacio de debate en la red llamado “Plaza Podemos” que atrae a más de 20.000 visitantes cada día.
 

 
Gran parte de su éxito viene a costa del PSOE, que tradicionalmente había sido el partido del pueblo, pero que se había ido escorando más y más hacia el centro en los últimos años. Muchos ya les ven como parte de la casta y les han abandonado por el mensaje genuinamente populista de Podemos. En respuesta, el PSOE ha elegido a su propio líder joven y nuevo, Pedro Sánchez, con la esperanza de revigorizar su imagen. El ascenso de Podemos también ha allanado el camino para el partido de centro-derecha Ciudadanos, cuyo rápido crecimiento ha llevado a muchos a llamarlo el “Podemos de la derecha”. Ciudadanos (también conocido como C’s) ofrece una alternativa segura para quienes quieren cambio pero temen que Podemos sea demasiado radical. También tiene en Albert Rivera a su propio líder joven y carismático para rivalizar con Iglesias.
 
Las elecciones regionales
El 24 de mayo, los electores españoles fueron a votar en elecciones regionales que se consideraban un indicativo de si estos nuevos partidos podrían tener un impacto serio en el equilibrio político del país. La respuesta parece ser que sí. Tanto el PP gobernante como su rival, el PSOE, perdieron votantes, y en 13 de las 17 regiones españoles ninguno de los dos logró alcanzar una mayoría. Para poder gobernar en estas comunidades autónomas han tenido que negociar coaliciones, y en casi todos los casos esto ha supuesto que el PSOE se haya sumado a Podemos y sus afiliados. Ciudadanos no alcanzó el éxito que esperaban, pero han obtenido suficientes votos como para formar algunas coaliciones con el PP (e incluso algunas con el PSOE, como en Andalucía).
 
Más impresionante todavía es el hecho de que las dos mayores ciudades españolas serán gobernadas al menos en parte por Podemos. En Madrid, el PP obtuvo 21 concejales en las elecciones municipales, pero Ahora Madrid, apoyado por Podemos, logró 20, y ha formado una coalición liderada por Manuela Carmena, que juró su cargo al son de gritos de “¡Sí se puede!”. Los resultados en Barcelona fueron aún más asombrosos, al ganar la carrera hacia la alcaldía de la segunda mayor ciudad española Ada Colau, activista contra los desahucios y apoyada por Podemos.
 

 
Aquí en Ibiza hubo también un escoramiento hacia la izquierda ya que el PSOE, con ayuda de Guanyem (a quien apoya Podemos), puede gobernar Ibiza ciudad y San José. Además, el partido Gent per Formentera (GxF) ha ganado una mayoría absoluta para poder implementar sus políticas liberales basadas en la justicia social y la ecología sostenible.
 
El camino por delante
La pregunta ahora es si Podemos y sus afiliados podrán sostener su impacto en las inminentes elecciones nacionales. Una cosa es que la gente emita un voto de protesta en unas elecciones locales, pero otra muy distinta es confiar el futuro de su país a un partido sin experiencia de gobierno. Además, los dos partidos principales cuentan con la ventaja de tener fuertes apoyos económicos y la infraestructura política para movilizar a sus votantes. Por otro lado, quienes apoyan a Podemos están animados por el éxito de su ‘primo político’: el partido Syriza en Grecia. Este partido también emergió de la nada gracias a su campaña con la promesa de aliviar el sufrimiento causado por la austeridad impuesta y la corrupción. En enero de 2015 ganaron las elecciones griegas, e inmediatamente se pusieron a poner en marcha programas diseñados para mejorar las cosas para la mayoría de los ciudadanos.
 
Podemos querría emular ese éxito, pero también comprenden la paradoja de que un partido con raíces anti-capitalistas apueste por administrar una economía de mercado. Iglesias afirma que los cambios que aplicaría un gobierno liderado por Podemos serían «graduales y limitados a utilizar el estado para redistribuir la riqueza para quienes la necesitan, instaurar un sistema impositivo más justo y estimular la economía». Estas políticas se financiarían elevando los impuestos a las personas y corporaciones ricas. Esta es la esencia de un gobierno ‘populista’, y será interesante ver si los votantes españoles continuarán apostando en esa dirección. Pero al margen de lo que suceda en las elecciones generales, Pablo Iglesias ha demostrado que quienes están en el poder, la casta, pueden ser retados. Él y su grupo de idealistas poco ortodoxos han sacudido los cimientos de la clase política dirigente… y las cosas podrían no volver a ser como antes. •
 

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