EDICIÓN 66: Agosto - Octubre 2014

Homenaje a los hippies

Texto: Cat Weisweiller
ibiCASA se encontró con Joan Marí (conocido como Juanito) de Las Dalias y Jean-Michel Fueter (cuyo nombre artístico es Jon Michell), del evento nocturno semanal Namaste, para explorar el viaje que ha llevado al movimiento hippie de ser algo rechazado por muchos a convertirse en parte integral y enorgullecedora de la cultura de Ibiza.
 

 
En 1963, el Diario informó en términos algo despreciativos de la repentina ola de seres un tanto desagradables que llamaron “els peluts” (los peludos). De hecho, Ibiza, caracterizada por ofrecer refugio a visitantes a lo largo de los siglos, estaba recibiendo a personas que huían de la llamada a filas para la Guerra de Vietnam. Con ellas vino el “flower power”, que surgió como acto de protesta simbólica contra esa misma guerra. Como es natural, la experimentación con las drogas, el bañarse desnudos y ese dejarse ir de los hippies fueron vistos con cierto desdén por parte de las autoridades y la gente más conservadora. Sin embargo, las generaciones más jóvenes se vieron tentados por el encanto de la nueva sensación de libertad que traían a la isla. Muy pronto, hubo muchos que reconocieron la filosofía hippie como algo que iba mucho más allá de un simple colocón.
 
Algunos asemejan la filosofía hippie a la de los antiguos Cínicos griegos. El fundador de la escuela Cínica se dice que fue Antisthenes (445-365 a.C.), que fue colega de Platón y alumno de Sócrates. Los Cínicos creían que el objetivo de la vida era vivir una vida virtuosa y sencilla alineada con la naturaleza, rechazando los deseos convencionales por cosas como la riqueza, el poder, la fama y las posesiones materiales. Creían que somos todos hijos de la Tierra, y que el mundo nos pertenece de forma igualitaria, y que la verdadera felicidad puede ser alcanzada a través de la auto-suficiencia y de un estilo de vida que es más natural para los seres humanos que la “máquina” que ofrece la civilización moderna.
 
Pronto, las mentes se abrieron a esta visión, y creció la aceptación de los “peluts”. Para mediados de los años 70, el hippismo había alcanzado su cota más alta aquí, con viajeros recogiendo y vendiendo artefactos que encontraban en sus viajes, incluyendo a Ibiza en su ruta hippie global. El Bar Anita de San Carlos abrió su ventana de correos a las hordas de hippies que hacían cola para recoger sus envíos de dinero. Mientras, el cura del pueblo, Pep Negre (conocido como “el cura de los hippies”), les permitía tomar refugio en las arcadas de la iglesia, y tocar su música dentro. En 1973, la zona de Santa Eulalia amplió su hospitalidad gracias a que el hotel Punta Arabí (Es Canar) les invitó a vender sus artefactos bajo la sombra de los pinos, y así nació el primer mercado hippie de la isla, que ha crecido de forma exponencial desde entonces. Las Dalias, que ya era conocido por fusionar cómodamente a hippies, turistas y residentes en saraos diversos, lanzó su mercado hippie hace 26 años y, desde 1999, su noche semanal llamada Namaste, acogiendo al máximo la cultura global y el espíritu flower power.
 

 
Finalmente, el año pasado llegó el largamente esperado apoyo de las autoridades locales de la isla. Esto supone un gran avance respecto a las actitudes burocráticas de antaño, y encaja con la acertada observación de la anterior consellera de turismo de Ibiza, Pepa Marí: «Es muy importante que los medios difundan una perspectiva de la isla completamente diferente a la imagen distorsionada y parcial que hemos visto en tantas ocasiones, imagen que no refleja el lado más auténtico de Ibiza». Y así, celebrar los mercados hippies de Ibiza a través de ferias de turismo y mercados turísticos contribuye a apartar el enfoque de los medios de los accidentes, el crimen, el tráfico de drogas y el hedonismo... hacia la libertad de espíritu más pura que simboliza Ibiza. El hippismo se reconoce ahora como el comienzo para Ibiza de la salida de la represión impulsada por el franquismo y lo que la colocó en el mapa turístico por su tolerancia y hospitalidad. Ambos mercados hippies se ganaron galardones de honor por su impacto positivo en la industria turística, y han sido nombrados oficialmente como “Lugares de Interés Turístico Municipal”, respectivamente.
 
Nadie aprecia ni respeta más este reconocimiento oficial que Juanito: «Hemos acudido de forma independiente a las ferias de turismo y mercados turísticos durante 10 años. Siempre hemos tenido que mantener una operación promocional pequeña, y trabajar con presupuestos ajustados». Sin embargo, en 2013 Ibiza y Formentera fueron otorgadas su propia área de promoción bajo el paraguas de las Baleares, y los mercados hippies recibieron inversión promocional por parte de las autoridades, el Consell de Eivissa y el Ayuntamiento de Santa Eulalia. El año pasado, hicieron la ronda de ferias turísticas de Londres, Madrid y Berlín, con un día de tres dedicado a los mercados hippies (Las Dalias y Punta Arabí) en el World Travel Market: «Era otro mundo. Con el apoyo de las autoridades turísticas y locales, pudimos subir la partida de nivel». Juanito encargó a Jon Michell la música, el ambiente y la decoración, diseñados para emanar los coloristas sonidos, visuales y espíritu del mercado hippie y Namaste, cautivando a visitantes y colaboradores por igual con una atractiva dosis de espíritu flower power. «Fue como un mini-festival en sí mismo, y causó mucho impacto, ensalzando de forma muy positiva a la isla y su movimiento hippie».
 

 
Al principio de la temporada, Las Dalias también extendió su tour independiente y deber como relaciones públicas con una tercera salida de LAS DALIAS EN LA CARRETERA. Hasta ahora solo habían alcanzado la península, pero este año su evento de 3 días, el mayor hasta la fecha, les hizo pasearse por 100 stands, puestos y otros lugares en el camino hasta Amsterdam, Holanda, con Namaste haciendo la decoración, y Jon Michell y Paco Fernández encargados de la música. «El evento fue muy exitoso y fue cubierto de forma entusiasta por los medios locales. Sin duda se trata de un ejercicio de relaciones públicas muy poderoso para la isla entera».
 
Y así parece ser que el entusiasmo por los mercados hippies de Ibiza no solo crece localmente, sino también globalmente. Nadie se alegra más de este giro que Jon Michell, que visitó la isla por primera vez en 1971, y se mudó aquí de forma permanente en 1987, siendo un interesado observador el movimiento hippie en todo este tiempo. «En lugar de las visiones un poco persecutorias de antaño, cuando los hippies se veían sometidos a fulminantes miradas discriminatorias, la sociedad está finalmente reconociendo su deuda hacia una generación a la que debemos mucho por las libertades de las que disfrutamos hoy en día». Jon Michell también alaba con prontitud la contribución de las autoridades a ello. «Les doy muchísimo crédito por el hecho de haber dado este paso tan pragmático. Ha pasado el tiempo suficiente como para que Ibiza acoja la invasión hippie como parte de su cultura y la promueva con entusiasmo. El sexo y las drogras tienen caducidad como punto de venta. Se trata ahora de enfatizar el alma auténtica de la isla. Las semillas de rebeldía, tolerancia, individualidad, visión, integridad y optimismo plantadas por los hippies han tomado raíz, y su legado ha florecido para aportar una perspectiva promocional poderosa y única a la isla». •

Imágenes del artículo