EDICIÓN 65: Junio - agosto 2014

El principio

Texto: Jerry Brownstein




 
¿De dónde venimos? ¿Cómo se creó el Universo? Estas son algunas de las grandes preguntas que se hace la Humanidad desde hace mucho. La ciencia convencional nos cuenta que el Universo comenzó con lo que llaman el “Big Bang” hace trece mil setecientos millones de años. Según esta teoría, nuestra existencia entera de repente surgió a partir de la explosión de una diminuta partícula de materia. Lo que comenzó como una mera teoría se fue consolidando como dogma científico, haciendo que la mayoría de la gente la acepte sin cuestionarla... pero algo en ella no acaba de encajar. Es verdad que existen cada vez más pruebas de que nuestro Universo se expande, pero creer que emergió al azar de una mota de polvo va contra el sentido común. Por supuesto que el sentido común puede estar equivocado... como cuando la gente creía que era ridículo pensar que la Tierra fuese redonda... pero eso no significa que todo el sentido común carezca de sentido. Nuestro Universo abarca miles de millones de galaxias... y cada galaxia contiene miles de millones de estrellas, y... bueno, vais viendo la imagen: que se trata de algo vasto e ilimitado más allá de nuestra comprensión. Así que resulta muy difícil creer que todo esto haya resultado de la explosión fortuita de una partícula de materia inerte. De hecho, la observación de los mecanismos tan afinados que tenían que estar en funcionamiento para que el Universo exista ofrece pruebas muy convincentes de que el nacimiento de nuestro mundo material fue mucho más que un feliz accidente.
 
¿Puedes concebir algo con una precisión de una milésima parte de una millonésima parte de un grado? Este fue el nivel de exactitud necesaria para que el Universo se formara como lo hizo. Si la velocidad de expansión hubiese sido una milésima de una millonésima de segundo más lenta, hubiese llegado a colapsar sobre sí mismo. Si hubiese sido una milésima de una millonésima de segundo más rápida, todo se habría dispersado tan rápido que tan solo se habrían formado gases fríos y diluídos. La más mínima fracción de diferencia en múltiples factores hubiesen dado lugar a que el Universo tal como lo conocemos no existiera. Para que un sistema tan complejo se desarrolle exitosamente a partir de una explosión en el espacio se requiere mucho más que un golpe de suerte. El matemático y físico Fred Hoyle equiparó la posibilidad de que la vida emergiese al azar del Big Bang con las posibilidades de que un huracán pase por un vertedero y construya un avión a partir de un montón de partes siendo zarandeadas por el viento.
 

 
Cuanto más de cerca lo analizas, más difícil resulta creer que nuestro Universo fuese el resultado de una explosión fortuita. De hecho parece mucho más probable que emergiese de un proceso bien organizado y lleno de intención… así que, ¿cómo se explica esto? Las culturas tradicionales creían en algún tipo de deidad que era la fuerza motriz de la Creación y de todos los eventos sucesivos. Sin embargo, con el surgir de la ciencia en el siglo XVII, estas antiguas creencias fueron cuestionadas dando lugar a un gran debate entre los creacionistas y los científicos materialistas… debate que continúa a día de hoy. Básicamente, los creacionistas vienen diciendo que existe un dios todopoderoso que es responsable de todo lo que existe en el Universo. Por otro lado está la ciencia material que nos dice que el Universo tan solo puede ser comprendido a través del conocimiento de sus partes físicas. En otras palabras, que la materia es lo único que importa. Ninguno de estos puntos de vista está completo pues ambos observan el mundo a través de una perspectiva limitada: para los creacionistas, todo es completamente espiritual; para los materialistas, todo es completamente material. Pero el Universo no puede ser categorizado de forma tan simple: ni es ni totalmente espiritual ni totalmente material, sino que es ambas cosas.
 
Tal vez podamos alcanzar una mejor comprensión de cómo se dio la existencia del Universo si integramos ciencia y espiritualidad. Para ver cómo funciona esto, concedamos por el bien del debate que sí que hubo un Big Bang. Esto aún os deja con una pregunta bien sencilla: “¿Qué había antes de esta gran explosión?”. Si el Universo material entero comenzó con un Big Bang, entonces tenía que haber algún tipo de existencia inmaterial antes de ello. A partir de esta fuente inmaterial… de la Na-da… se creó el Universo entero de… To-do. ¿Cómo sucedió esto? Los científicos convencionales no tienen una buena respuesta a esta pregunta, pero algunos de sus colegas más intrépidos tal vez la tengan. La física italiana Paola Zizzi ha desarrollado una teoría llamada el “Big Wow” que propone que no somos el resultado de un proceso material fortuito sino de algo que era más bien como un “pensamiento”. Ella visiona un “campo de consciencia inteligente” que creó la “idea” de nuestro Universo… “idea” que fue imbuída de la información que le permitió tomar forma física.
 

 
Este “Campo” es muy similar al concepto de “unidad” del que han hablado personas sabias y místicas a lo largo de la Historia, y ahora la ciencia más puntera está estudiando cómo funciona. Lo que han descubierto hasta ahora sugiere que estamos todos conectados con todo lo demás en el Universo a través de este campo de consciencia. Esto significa que lo que afecte a una cosa también afecta a todo lo demás… lo que te afecte a ti me afecta también a mí. Las implicaciones de estos descubrimientos son enormes, pues abren nuestras mentes a nuevas formas de pensar y de ser. Saber que estamos todos conectados unos con otros nos despierta a nuestra verdadera naturaleza de compasión y cooperación.
 
Comprender que somos uno con la misma fuente del Universo hace que seamos conscientes de que somos parte de un proceso creativo asombroso e infinito. Abrazar este rol de co-creadores nos empodera para escribir una nueva Historia de la Humanidad… una historia que puede llevarnos hacia “ese mundo más hermoso que nuestros corazones saben que es posible”… a un nuevo comienzo… •
 

 

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