EDICIÓN: Febrero - Abril 2013

Quererse a uno mismo

Por Jerry Brownstein
Saber quererte a ti mismo está en el corazón mismo de tu habilidad para crear y disfrutar de la maravillosa vida a la que aspiras. Conforma la base de la relación más importante que tendrás jamás: la tuya contigo mismo. Los beneficios del amor por ti mismo alcanzan cada parte de tu ser: físico, mental y emocional. Te aporta una sensación de paz interior y seguridad... una silenciosa confianza en ti mismo que te mantiene centrado para que no te veas fácilmente alterado por los eventos externos y las opiniones de los demás. También crea una hermosa energía a tu alrededor que atrae a las personas y a las circunstancias que reflejan y potencian tus sentimientos positivos. El amor propio no consiste en ser arrogante, egoísta o presumido... de hecho, es justamente lo contrario. La única forma de sentir verdadero amor por ti mismo es hacerte realmente digno de amor. Esto significa aceptarte tal cual eres... y desde ahí elegir de forma consciente cambiar esas cosas que no están alineadas con la hermosa persona que deseas ser. Se trata de un proceso de desaprender los hábitos negativos del pasado y reemplazarlos con valores y comportamientos que te hagan sentir bien contigo mismo.

Una forma estupenda de arrancar este proceso es hacer una lista de al menos diez cosas que te gustan de ti. Tómate el tiempo de realmente observar quién eres y cómo actúas en el mundo. Tu lista de “Soy _____” tal vez incluya palabras como: inteligente, responsable, atractivo, honesto, compasivo, detallista, positivo, empático, cariñoso, generoso, etc... Cuando hayas acabado la lista, déjala a un lado hasta el día siguiente, cuando volverás a echarle un vistazo. Piensa en cómo te sentirías si conocieras a alguien que tuviese todas las admirables cualidades que figuran en esa lista. Este es el tipo de persona a quien te encantaría conocer mejor... alguien cuya amistad valorarías... y eres tú. Ese es quien eres de verdad... y cuando lo ves desde esta perspectiva, es más fácil darte cuenta de que eres una persona que merece ser amada.



Por supuesto que hay otras cosas de ti con las que estás menos satisfecho: características negativas como la arrogancia, el mal genio, el pesimismo, etc... Estas vienen de antiguos patrones y creencias que has heredado de tu familia, tus amigos y la sociedad. Fueron impresos en tu mente a una edad temprana y se han ido integrando más en tu personalidad con los años. La buena noticia es que tienes la capacidad de cambiar estos antiguos patrones heredados. Es una cuestión de elección, de elegir de forma consciente tus pensamientos, palabras y acciones para reflejar la persona que deseas ser. Una excelente manera de empezar este cambio es utilizar el poder de tu intención para hablar de forma positiva sobre ti mismo. La mayoría de la gente se asombraría si pudiera escuchar una grabación de su diálogo interno; es increíble cuántas veces al día nos juzgamos o nos criticamos. Cuando prestas atención a tus pensamientos y palabras, puede que oigas frases como: “Nunca tengo suerte.” “La vida es dura.” “Tendría que haber _____.” “No se me da nada bien _____.” A nivel más profundo, lo que estás diciendo en realidad es: “No merezco ser feliz.” “No merezco ser amado.” “No merezco tener lo que quiero.”

Todo lo que piensas y dices le envía un mensaje a tu mente inconsciente. Cuando les das voz a pensamientos negativos, estás reforzando tus viejos patrones y creencias negativas, y reafirmando que no mereces ser amado. La forma de darle la vuelta a esto es hacerte consciente de tus pensamientos y palabras... y desde ahí cambiar lo que no sea positivo. Cuando aparezcan frases negativas en tu mente... o en tu boca... simplemente dale a la tecla mental de “borrar” y sustitúyelas por palabras que reflejen la persona digna de amor que eliges ser. Cambiar de forma consciente el diálogo interno negativo por afirmaciones positivas sobre ti mismo y el mundo a tu alrededor creará un nuevo eje de creencias beneficiosas, y esto se verá reflejado en cómo te sientes contigo mismo.



A menudo oímos eso de que hasta que aprendas a amarte a ti mismo no podrás amar a otros de verdad. ¿Y esto por qué es? Pues porque hasta que aceptemos las partes de nosotros que cuesta querer, no podremos sentirnos merecedores de recibir amor o de dar amor a otras personas. Al nivel más profundo, proyectamos que somos insuficientes, y el amor que ofrecemos está teñido del miedo a que los demás descubran esto un día. El amor que viene de una fuente así de insegura será, por su misma naturaleza, limitado y frágil. Cuando aprendemos a aceptarnos plenamente y a amar todos los aspectos de quien somos, el amor que ofrecemos a los demás surge de un espacio de paz y compasión. Esto nos permite experimentar el dar y el recibir amor como algo inseparable... y he ahí la esencia de la verdadera felicidad...

«Podrás buscar por el universo entero a alguien que sea más merecedor de tu amor y afecto que tú mismo, y esa persona no la encontrarás en ningún lugar. Tú mismo, tanto como cualquier otro del universo, mereces tu propio amor y afecto.» •

Siddhartha Gautama Buddha