EDICIÓN 61: Octubre - Diciembre 2013

La meditación, de gran valor para los niños

Texto: Cat Weisweiller

Para muchas personas la meditación es una poderosa herramienta vital adquirida en la edad adulta. Sin embargo, gracias a una mayor conciencia y a los diversos movimientos que están surgiendo por todo el mundo, las próximas generaciones están ahora conectándose a esta valiosa técnica tranquilizadora desde edades bien tempranas.
 
No hay duda de que los niños poseen mentes maravillosamente caóticas –siempre llenas de sueños, inventos y planes sin fin–. Añadiendo a esto la ciber-autopista en la que viven, con hogares llenos a rebosar del zumbido frenético de los medios sociales, iPads, iPods, televisión HD, Nintendos, y demasiados aparatos alucinantes como para mencionar aquí, la consecuencia es una vida que tiene un ritmo mucho más acelerado y ocupado que nunca antes, una existencia secuestrada por una cultura del “hacer” que mide todo, por lo que logramos, poseemos o manejamos en términos tecnológicos.
 
En resumen, la vida se ha convertido en un asalto a los sentidos, creando una mayor necesidad de asignar momentos de meditación y descanso, y no menos para los niños, dado que, si a los niños se les sobre-estimula, cosa que en nuestra sociedad moderna sucede invariablemente, les robamos algo clave, que es el poder “ser”, simplemente. La meditación restaura el equilibrio, dando a los niños un valiosísimo acceso a un lugar profundamente interno. Un refugio interior, por así decirlo, que temporalmente silencie su mundo del ruido y jaleo constantes.
 

 
¿Alguna vez has pensado que esos momentos en los que pillas a un niño “soñando despierto”, o con aspecto ausente, pueda ser que esté conectando con su estado natural de necesaria meditación? De hecho, según el informe anual de la Asociación Psicológica Americana llamado ‘Estrés en América’, «uno de cada cinco niños dijo que se preocupaba mucho por cosas que sucedían en sus vidas, y más del 30% admitían sufrir síntomas relacionados con el estrés, como dificultades a la hora de conciliar el sueño.» Y sin embargo, sorprendentemente, ese mismo estudio revelaba que tan solo el 8% de los padres eran conscientes de que sus hijos experimentaran algún tipo de estrés.
 
Afortunadamente, diversos incentivos han empezado a estimular una mayor exposición a la meditación a edades más tempranas. Un ejemplo excelente es el de la estrella de cine Goldie Hawn y su reconocido programa educativo: MindUp. Este sistema, que ha sido recibido con entusiasmo por parte de muchas instituciones educativas, ha inspirado a 150.000 niños de todo el mundo a tomar “descansos para la respiración consciente” de forma regular. Goldie explica que «enseñamos a los niños a tomarse descansos mentales, pues todo cerebro necesita un descanso, y porque sabemos que la meditación contribuye a construir un cerebro más fuerte. Les iniciamos en estas técnicas de conciencia y relajación desde muy pequeños, para que puedan aplicarlas durante toda la vida.»
 
Goldie no lanzó este proyecto sin haberlo madurado. De hecho, su programa es el reflejo de 10 años de estudio activo sobre cómo funciona el cerebro, en estrecha colaboración con neuro-científicos, psicólogos cognitivos y educadores. Incluso ha escrito una guía para ampliar el alcance global del movimiento: 10 Minutos de Conciencia: Dándoles a Nuestros Hijos – y a Nosotros Mismos – las Capacidades Sociales y Emocionales para Reducir el Estrés y la Ansiedad, por una Vida Más Sana y Feliz. Ella y otras personas se han motivado muchísimo por los irrefutables méritos de la meditación en los niños, tanto a nivel emocional como cognitivo.
 

 
Una universidad de California descubrió que escolares a quienes se animaba a meditar durante media hora, dos veces por semana, durante 8 semanas, mostraron notables mejorías en su comportamiento y en sus resultados en pruebas que exigían memoria, atención y enfoque. Otro estudio con tres mil niños de San Francisco detectó un avance espectacular en los resultados académicos de los que practicaban la meditación. El estudio también subrayó una reducción notable de suspensos, expulsiones y abandonos escolares en la región. Otros estudios recientes han demostrado la efectividad de las técnicas de atención consciente (sobre todo las utilizadas en la meditación, el yoga y el Tai Chi) a la hora de controlar las emociones, moderar la impulsividad y aliviar el estrés.
 
Así pues, parece ser que incontables padres en todo el mundo tienen razón cuando incorporan tiempos de “descanso mental” en las vidas diarias de sus hijos. A muchos les motiva el simple hecho de que unos momentos juntos al principio de cada día – sentados en silencio y concentrándose en la inspiración y la expiración – suponen una base y una conexión que a cualquier familia le viene bien antes de aventurarse a enfrentar las demandas que presenta un día cualquiera de este siglo XXI. •

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