EDICIÓN 59: Junio - agosto 2013

IBIZA y otras aventuras

Texto: Cat Weisweiller
Este artículo cuenta la historia de una verdadera leyenda de la isla: Rick Kips. Al conocerle, el alcance de su encanto como cuentacuentos rápidamente se hace evidente. De hecho, no es ninguna sorpresa el que su autobiografía publicada, IBIZA en andere avonturen (IBIZA y otras aventuras), se haya convertido en un bestseller. Como el libro tan solo está disponible por ahora en holandés, teníamos ganas de compartir con vosotros tan solo una pequeña parte de la extraordinaria vida de Rick.
 
Rick procede de una importante empresa holandesa que se dedica al envasado de carne: Kips. La historia de su llegada a la isla en 1957, con 6 años, supone una viva imagen de la vida ibicenca en los años 50. En aquel momento, con sus padres y hermano mayor se habían aventurado a ir de vacaciones a Mallorca. Al llegar a Palma, fueron informados de que su agencia de viajes había quebrado y que no había perspectivas de poder volver a su casa pronto, con lo que la oferta de viajar en un avión de la II Guerra Mundial, un Bristol Blenheim Bomber, a la isla vecina, Ibiza, fue una irresistible tentación.
 

La familia aterrizó en una pequeña pista de aterrizaje en la arena. Era difícil imaginar que este trocito de tierra se convertiría más adelante en el aeropuerto principal de la isla, con más de 4 millones de visitantes al año. Como las carreteras principales tampoco existían aún, su viaje desde ahí hasta la ciudad de Ibiza tardó unas tres horas agotadoras. Rick recuerda su llegada a la arenosa Vara de Rey, donde se alineaban burros cargados de hielo en la puerta de un hotel. Recuerda que se preguntó cómo demonios podía llegar algo de hielo intacto con el calor veraniego. El hotel en cuestión era el Montesol, que, en aquel tiempo, se centraba menos en la hostelería y más en su rol como único fabricante de hielo en toda la isla. Un embargo en el uso de electricidad significaba que a partir de medianoche la regla era usar lámparas de aceite y velas. Tras poco tiempo, el acomodado padre de Rick no podía soportarlo más, y se aventuró a buscar un alojamiento más cómodo para él y su familia.
 
Pronto, sus ojos y su corazón se prendaron de un yate amarrado en el puerto. Por desgracia, el impresionante barco ya había sido alquilado, nada menos que por Errol Flynn, que se convertiría en amigo cercano de la familia. Sentados en las escaleras de un edificio, con cara de desesperación, la familia Kips llamó la atención de un viandante, el Dr. Alfredo Roig. A pesar de no hablar nada de español, lograron de alguna forma expresarle su situación. Alfredo, que era el único médico en Ibiza y por tanto tenía gran importancia política y social, decidió presentarles a las personas más influyentes de la isla, como Juan Bermejo, el comandante de la marina que, en tiempos de Franco, tenía el más alto cargo político de la isla. Sería justo decir que este encuentro casual fue el primero de entre muchos con gente importante en la vida de Rick en Ibiza.
 

Una enorme mansión en Cala Carbó, construida en terrenos comprados por su padre, se convirtió en la base de Rick en la isla durante muchos años. Durante largo tiempo, un director de la CIA fue su vecino, creando todo tipo de intrigas para Rick según iba creciendo. Cumplidos los 18, mientras estudiaba para dentista en Malibú, trágicamente perdió a su padre por cáncer. Un amigo de la familia, el Dr. Robert van Riet, se ocupó de él. Robert fue uno de los primeros cirujanos plásticos en California y, por tanto, estaba muy bien relacionado, intensificando la exposición de Rick al mundo de los famosos. Los más notables seguramente serían sus vecinos en Palm Springs: Frank Sinatra y Barbara Marx. Rick recuerda el fatídico día cuando él y su hermano llegaron tarde a un viaje en vuelo privado a Pasadena con la madre de Sinatra, Dolly. Resultó que el Learjet se estrelló y murieron todos los que iban en él, así que lógicamente estarán siempre agradecidos por la suerte de haberse perdido la excursión.
 

Los amigos famosos de Rick son demasiados para nombrar aquí, pero baste decir que el Papa, Lisa Minnelli y Bob Hope, entre tantos otros, estuvieron muy presentes en su vida. Fuera de EEUU, Rick ha vivido en incontables capitales europeas, y Argentina también es muy importante en su vida ya que allí se dedicó a los caballos para el polo y montó la mayor bodega del mundo con su socio de muchos años: Lord Alain Levenfiche.
 
Así que volvamos a la vida de Rick aquí en Ibiza. A pesar de estar rodeado de la alta sociedad con todo su boato, Rick ha mantenido los pies firmemente en la tierra. Su notable humildad seguramente pueda atribuirse a su agudo interés por el mundo que le rodea, como ilustra la siguiente historia: «Cuando llegamos a la isla al principio, recuerdo que me dolía el hecho de que mi desconocimiento del español me impidiese comunicarme con un hombre ciego que siempre estaba en el centro recaudando fondos para la ONCE. De niño, quería levantar sus gafas de sol y ver lo que había tras ellas. Más adelante, cuando mi dominio del español era suficiente, me acerqué y me puse a conversar con él. Después de un tiempo, él reconocía mis pasos al acercarme y me decía siempre: ‘Hola otra vez, amigo holandés.’»
 
Resulta que la curiosidad de Rick desveló una historia impactante: el hombre no siempre había sido ciego ni estado en la calle. De hecho había tenido un puesto muy prestigioso en la oficina principal de la Banca March. Un día fue encontrado tirado sobre la mesa y declarado muerto por Alfredo. Al no haber morgue con refrigeración en la época, a los muertos se les rociaba con cal y después los ataúdes eran paseados por el centro de la ciudad para que los vecinos pudieran despedirse. «Imaginad el susto de todo el mundo cuando el ataúd de repente se abrió y apareció el pobre Jesús [y sí, así se llamaba el caballero] claramente no resucitado pero sí ciego por la cal que le había caído en los ojos».
 
Cuesta definir si, tan solo en Ibiza, Rick es más conocido como experto en hostelería e inmobiliaria, como antiguo manager del Pikes y de un Hipódromo, como dueño de una boutique de moda Oilily, o sencillamente como emprendedor muy competente. Hoy en día, seguramente se le describa mejor como autor, inventor y consultor, y es que los ejecutivos se sienten comprensiblemente atraídos por sus años de experiencia personal y profesional para mejorar sus marcas. Sin embargo, cualquiera que haya estado aquí en los años 80 seguramente estará de acuerdo en que su mayor regalo personal a la isla ha sido su querido negocio de telecomunicaciones.
 

A principios de los 80, el negocio de la noche estaba ya en marcha, pero el acceso al mundo exterior aún era muy escaso. Los teléfonos móviles no existían aún, y las líneas fijas (que llevaban contadores y eran tremendamente caras) eran escasas. Rick se dio cuenta rápidamente de que con la llegada repentina de compradores de casas, turistas y fiesteros, la demanda de comunicaciones modernas superaba con mucho a la oferta. «Me monté el despacho donde solía tenerlo nuestro amigo Alfredo, en Vara de Rey, ofreciendo servicios de telex y teléfono. Los faxes y las transferencias monetarias vinieron después. Era la primera iniciativa de este tipo en la isla». Tan inmerso estaba en todos sus demás proyectos en la isla que no se dio cuenta de la falta de afluencia a su ‘Oficina de Servicios’ en las primeras dos semanas. «Solo cuando entró una madre con un niño gesticulando para usar el servicio caí en la cuenta de que el inglés ‘Office Services’ no se traducía así al español, ya que ‘servicios’ puede significar ‘inodoros’!»
 
A pesar del error inicial, pronto se corrió la voz y el negocio de Rick despegó. Durante 10 años, gentes de toda nacionalidad y carácter se daban cita allí. Abierta desde las 8 hasta las 20 horas, 6 días por semana, la oficina se convirtió en centro de actividad frenética, que muchos definirían como casi un club social. Todo el mundo que tuviese un nombre conocido arreglaba sus asuntos allí, incluidas Nina Hagen y Ursula Andress. Conocido por su amable hospitalidad y consejos multilingües, se convirtió en el guardián de muchos proyectos importantes o crisis de famosos. Recuerda una ocasión en que su reputación como persona responsable y de confianza fue especialmente útil: cuando Freddy Mercury cantó su famosa versión de ‘Barcelona’ en la discoteca KU con Montserrat Caballé, Freddie fue obsequiado con las llaves de la ciudad de Barcelona. Junto con este gran honor, se ofrecieron pagar los gastos de su 41 cumpleaños en el hotel Pikes. La fiesta en sí se convertiría en leyenda en la isla. Pero lo que pocos conocen es el secreto de la tarta de cumpleaños que la ciudad de Barcelona había preparado para Freddie.
 

Ahí estaba Rick, a sus treintaitantos años, en su oficina recibiendo todo el correo relacionado con la tan anticipada fiesta de Freddie Mercury. «Era la fiesta de la década. Todos estaban invitados… Todos menos yo, eso sí… Como tenía un montón de respuestas confirmando asistencia, me ofrecí a llevarlas personalmente a Pikes – con el único objetivo de conseguir para mí mismo (y las 11 otras personas a quienes se lo había prometido) una invitación a la fiesta». Lo que acabó consiguiendo era mucho más de lo que podía haberse imaginado. Impresionado por su entusiasmo, el manager del Pikes le pidió que viajara a Barcelona para organizar el transporte de la tarta de Freddie. Tarea sencilla, ¿no? No, teniendo en cuenta que, según cuenta Rick, «la tarta tenía una base de 50 metros en su punto más ancho, la altura de una persona, y su forma de catedral de Gaudí había sido tallada durante dos años por dos artesanos». El primer paso de transportar la tarta en avión de carga desde Barcelona hasta Ibiza sucedió según lo planeado, así como llevarla hasta el Pikes. El problema llegó cuando alguien decidió que la tarta debía moverse un poco de donde había sido colocada. «Yo estaba delante dirigiendo la maniobra. Detrás de mí había cien personas cuidadosamente moviendo la base de la tarta. Todo fue bien hasta que alguien tropezó, y a él le siguieron el resto de porteadores… cayendo como piezas de dominó. La tarta entera cayó al suelo y, así sin más, de repente era historia…»
 
Con sus rápidos reflejos de siempre, y bajo la atenta mirada de su querido amigo hasta día de hoy, Tony Pike, Rick lanzó una operación urgente para juntar todas las tartas de la isla. Unas sobre otras, se cubrieron todas con nata montada preparada en una mezcladora de pintura, y encima se inscribió el mensaje “Happy Birthday Freddie!”. Esto lleva a la parte de la historia que es conocida: sin saber nada del desastre de la tarta de Gaudi que la precedía, Freddie vio esta tarta y se le escaparon las lágrimas, reconociendo que nunca antes había recibido un gesto tan auténtico y conmovedor. Con esta inspiradora historia local de “bien está lo que bien acaba”, así acaba nuestro resumen de la vida de un destacado residente de la isla: Rick Kips. •

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