EDICIÓN 57: Febrero - Abril 2013

Comer con conciencia

Texto: Ruth Osborn

 

Comer de forma consciente implica tener en cuenta qué comemos, por qué comemos, cómo comemos y el efecto que tiene lo que comemos tanto en nuestro cuerpo como en el medio ambiente. Comer con conciencia es una herramienta poderosa hacia la salud y el bienestar, y puede ayudarnos a perder o gestionar mejor nuestro peso. Como todo buen hábito, necesita ser desarrollado, pero el tiempo que le dediquemos nos dará como recompensa toda una vida de mejor salud, mejor control del peso y un aprecio mayor por los beneficios de la comida.
 
La próxima vez que vayas a comer, elimina todas las distracciones incluyendo teléfonos, televisión y portátiles. Céntrate en comer. Obtendrás mayor satisfacción del alimento si te tomas el tiempo de apreciarlo.
 
El alimento proporciona a nuestros cuerpos la energía y los nutrientes que necesita para la vida, el crecimiento y la reparación. Sin embargo, no toda la alimentación cumple estos objetivos, ya que a menudo comemos cuando estamos estresados, aburridos o como premio. Además, muchas de nuestras celebraciones sociales giran en torno al alimento y son una excusa para pasarnos. Tal alimentación puede tener un impacto negativo sobre nuestra salud y dificultar nuestros intentos de perder peso. Ser consciente de por qué comemos es el primer paso hacia el cambio de un comportamiento alimenticio nocivo. 
 



Antes de comer, pregúntate si tienes hambre realmente o si estás comiendo por algún otro motivo. Recuerda que comer tan solo sacia el hambre, no puede reparar un corazón roto ni resolver una situación estresante. Intenta en su lugar salir a dar un paseo o llamar a un amigo.
 
Los supermercados están llenos de cereales, salsas, bebidas gaseosas, picoteos, pizzas y comidas preparadas que nos tientan con la promesa de lo “conveniente”. Muchos de estos productos no están manufacturados con nuestra salud como prioridad. Analizar con ojo crítico un producto antes de comprarlo es esencial. Al ser más conscientes de lo que contiene el alimento que comemos, podremos tomar mejores decisiones sobre qué comer para así elegir alimentos que favorezcan la salud. Es mejor comprar productos frescos que procesados. Todos podemos comer más productos integrales en lugar de envasados. Podemos comprar lechuga, pepino, pimientos y tomates en lugar de una ensalada ya hecha. Elige patatas enteras en lugar de patatas fritas y copos de avena en lugar de cereales procesados.
 
La próxima vez que vayas de compras, tómate el tiempo de valorar cada producto y elige alimentos que nutran tu cuerpo. Pregúntate: ¿Qué es? ¿De dónde viene? ¿Es un alimento natural o un producto tratado? ¿Qué contiene? Elige productos con cinco ingredientes o menos y evita ingredientes que no reconozcas.
 
A menudo comemos sobre la marcha, en el coche, trabajando o surfeando la web. Estas distracciones hacen que sea más fácil comer más de lo que realmente necesitamos sin darnos ni cuenta, ya que cuando nos centramos en comer nos sentimos saciados antes. Otra forma sencilla de mejorar nuestra salud es masticar bien la comida. El proceso digestivo comienza en la boca, donde las enzimas empiezan a descomponer el alimento. Si no masticamos bien se incrementa el estrés sobre nuestro sistema digestivo. Tomarnos más tiempo al masticar también nos ayuda a comer más despacio, permitiendo a nuestro cuerpo sentirse saciado, evitando así comer en demasía.
 
Cuando te sientes a comer, hazlo en un entorno tranquilo, tómate el tiempo de apreciar el alimento, come despacio y mastica cada bocado al menos veinte veces. Mientras disfrutas de cada mordisco, piensa en los beneficios de los alimentos que estás consumiendo. Haz de ello un hábito planeando al menos una comida con conciencia al día.
 
Pensar en el efecto que tiene el alimento sobre nuestros cuerpos también puede ayudarnos a tomar mejores decisiones. El alimento provee carbohidratos, grasas y proteínas – los macro-nutrientes que nuestro cuerpo necesita para obtener energía y así construir y reparar tejidos. También proporciona vitaminas, minerales y otros micro-nutrientes que mantienen a nuestras células y órganos en buen funcionamiento. Muchas enfermedades comunes, incluyendo la diabetes, los problemas cardiovasculares y el cáncer están relacionados con la nutrición. Cambiar la forma en que comemos tiene un profundo impacto sobre nuestra salud y puede ayudarlos a evitar muchas de estas enfermedades.




 
Hipócrates aconsejó: «Deja que el alimento sea tu medicina y que la medicina sea tu alimento». Antes de meterte algo en la boca, piensa en lo que contiene y lo que le hará a tu cuerpo. ¿Se trata de una fuente nutritiva de vitaminas, minerales, grasas insaturadas, carbohidratos complejos o proteína? ¿O está lleno de azúcar y/o grasas saturadas o trans que dañarán tu cuerpo?
 
Comer con conciencia también implica tener en cuenta cómo afectan nuestras elecciones alimenticias al medio ambiente además de a nuestros cuerpos. Saber de dónde viene nuestro alimento, elegir aquello que tiene poco o ningún envoltorio, comprar productos locales así como fruta y verdura de temporada ayuda a reducir el daño que la producción de alimentos le hace al medio ambiente. También supone apoyar a las pequeñas empresas e impulsar las economías locales. Todo ello mejora nuestro bienestar como miembros de una comunidad más amplia. Al tomar decisiones conscientes sobre cómo, qué y por qué comemos, estamos ayudando a crear mejores opciones alimenticias en el futuro.




 
Para aprender más sobre el alimento consciente, visita:
www.savorthebook.com o lee “Mindful Eating, Mindful Life: Savor Every Moment and Every Bite” (Comer con Conciencia, Vivir con Conciencia: Saborea Cada Momento y Cada Bocado) de Thich Nhat Hanh y la Dra. Lilian Cheung.

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