EDICIÓN 52: Abril - junio 2012

VOLÚMENES BAJO EL SOL

Texto: Ingrid Montañes Benard
es una búsqueda de lo esencial. De esta manera, los ornamentos son considerados superfluos, y se prefiere resaltar la belleza de los materiales, de la luz y de las formas geométricas llevadas a su mínima expresión.
 



Le Corbusier recibió influencias de sus múltiples viajes, entre los cuales algunos a Argelia y Mallorca. Estas influencias mediterráneas quedan patentes en su obra, cómo por ejemplo en la Vila Savoya, de 1929. El color blanco omnipresente, los volúmenes simples y desprovistos de ornamentación, la cubierta plana, son claros ejemplos de cómo el arquitecto se ha impregnado de la arquitectura tradicional mediterránea. Descubrió la arquitectura ibicenca a través de los escritos y bocetos de sus colaboradores, entre los cuales Josep Lluís Sert. Este arquitecto catalán fue profundamente influenciado por la arquitectura de Ibiza, en la que dejó huella con la construcción de un conjunto de casas en las que se puede observar el fundamento de su estilo: el blanco como color predominante, líneas rectas y un purismo geométrico.
 
Y es que Ibiza posee un variado e importante patrimonio arquitectónico, resultado de las diferentes culturas que la han colonizado a lo largo del tiempo. La finca ibicenca se define por unas gruesas paredes cuadrangulares y por cubiertas planas sostenidas por vigas de madera. Este modelo de construcción se inscribe en una larga tradición que remonta a la era neolítica del Oriente Medio. Se desarrolló en Babilonia, en Fenicia, para expandirse luego sobre la costa meridional del mediterráneo. El color blanco característico de las fincas es una respuesta al clima caluroso de la isla. Efectivamente, el blanco refleja el 90 por ciento de los rayos de sol, dejando la casa fresca por dentro. ¡Aunque parezca mentira, además de ser hermosas, las casa ibicencas ya eran bioclimáticas!
 



Estas casas centenarias han sido una fuente de inspiración para otros grandes arquitectos, como Walter Gropius y Erwin Broner, que se asombraron frente a la modernidad de esta arquitectura tradicional. Este último, pintor y arquitecto alemán, se instaló definitivamente en la isla en 1959. En sus obras, como una casa en Sa Penya y otra en Santa Gertrudis, supo combinar la arquitectura tradicional con elementos más modernos. Más recientemente podemos citar a Carlos Ferrater. Este arquitecto barcelonés plasma su nueva mirada sobre la arquitectura tradicional en obras cómo la casa Tagomago, de 2001.
 
Arquitectos como los citados anteriormente supieron ver y apreciar la belleza de una arquitectura que responde a unas necesidades humanas, que entretiene un diálogo constante con la naturaleza; una arquitectura cuyo esplendor proviene de una búsqueda de lo esencial. Es fascinante darse cuenta de que, 600 años más tarde, la arquitectura sigue respondiendo de la misma forma al mundo que la rodea. Eso es lo que hacemos con la arquitectura minimalista, buscar lo esencial en el fondo y la forma para crear un espacio propio en el que cada muro cuenta, para crear volúmenes bajo el sol.
 
 

Imágenes del artículo