EDICIÓN 51: Febrero - Abril 2012

LOS MISTERIOS DEL 2012

Texto: Jerry Brownstein









Casi todo el mundo ha oído las predicciones sobre poderosas fuerzas cósmicas que confluirán el 21 de Diciembre del 2012 causando cambios radicales en el planeta Tierra. Esta persistente historia ha dado lugar al auge de diversas profecías, que van desde el desastre apocalíptico hasta el glorioso amanecer de una revolución espiritual. ¿Por qué ha atraído tanta atención esta fecha, y qué puede significar?




Hay tres hilos principales que trenzan esta historia. El primero está relacionado con el calendario utilizado por la antigua civilización Maya centroamericana, un pueblo que desarrolló unos conocimientos matemáticos y astronómicos increíblemente sofisticados, muchos siglos antes de que tales datos fuesen descubiertos en el mundo occidental. Proyectaron su calendario de “cuenta larga” para durar 5.125 años, hasta culminar con “El Final de los Tiempos”, el 21 de Diciembre del 2012. Algunos dicen que este “final de los tiempos” simplemente quiere decir que el calendario Maya volverá al inicio para empezar a contabilizar un nuevo ciclo, mientras otros lo ven como un punto de inflexión en la historia de la Humanidad.
 
El segundo indicador que señala al 2012 es un evento muy poco usual llamado Alineación Galáctica, que ocurre cuando el Sol, visto desde la Tierra, se alinea directamente con el centro de nuestra galaxia (la Vía Láctea). Tal alineación sucede sólo cada 25.800 años, y sí… lo habéis adivinado… la siguiente vez ocurrirá el 21 de Diciembre del 2012. Además, seguramente no se trate de una casualidad que sea el mismo día que el “Final de los Tiempos” de los Mayas, pues el centro de la Vía Láctea, según su mitología, estaba vinculado con la creación del Universo. La pieza final del puzzle del 21/12/12 se llama la “Precesión de los Equinoccios”, y tiene que ver con la astrología. Explicado de forma concisa, las constelaciones correspondientes a los doce signos del zodíaco se desplazan hacia atrás en el cielo cada año, de modo que cada 2.160 años cambia la que es visible en un punto concreto del cielo. Casi todos los astrólogos están de acuerdo en que el 21 de Diciembre del 2012 habrá terminado uno de esos largos ciclos y se avanzará de la Era de Piscis a la tan anticipada Era de Acuario.
 
Hay muchas interpretaciones diferentes sobre lo que significan estas señales celestiales, presentando un amplio abanico de posibles consecuencias. Las más pesimistas hablan de cambios cataclísmicos y catástrofes naturales en la Tierra que acabarían con nuestro mundo tal y como lo conocemos. Sin entrar en todos los detalles, podemos afirmar que aunque algo así no es del todo imposible, es desde luego muy improbable.
 
Al otro lado del espectro están las interpretaciones más optimistas del significado del 2012. Opinan que este “Final de los Tiempos” no supone el fin de nuestro mundo material, sino más bien el final de nuestra obsesión materialista. Esta versión positiva del 2012 afirma que la visión global actual, basada en bajas vibraciones de miedo y avaricia, se verá erradicada por un cambio repentino de conciencia global hacia las vibraciones más altas de amor y luz. Existen indicios que apuntan hacia esta esperanzadora predicción en el hecho de que cada vez más gente busca una forma alternativa de ver el mundo. Sigue siendo un hecho, sin embargo, que la amplia mayoría de la raza humana continúa aferrándose a su antigua forma de pensar, y es difícil imaginar que esto pueda cambiar de forma tan radical entre ahora y el 21/12/12.
 
Así pues, dado que es tremendamente improbable que el mundo se acabe en el 2012, pero también muy difícil que la mayoría de la población mundial se abra de repente a un nivel más alto de conciencia, entonces, ¿qué hemos de interpretar de todo este fenómeno? Yo sugiero que, si el 21 de Diciembre del 2012 tiene importancia, no es por lo que pueda pasar en esa fecha concreta (¡recordemos el cambio de milenio!), sino más bien porque representa un punto central dentro de una serie de años durante los cuales existe el potencial para una gran transformación. Soplan vientos de cambio y sus efectos pueden verse ya en el desplome de los viejos sistemas de finanzas, ecología, energía y política. La caída de estas estructuras tradicionales nos presenta muchos retos, pero también la gran oportunidad de cambiar el rumbo de nuestra civilización hacia direcciones más positivas. Tal vez la energía que rodee al 2012 sirva como catalizador para motivar a la gente de este planeta a que empecemos a elegir un camino nuevo y más iluminado en nuestra búsqueda de un mundo mejor.


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