EDICIÓN: Junio - agosto 2011

EL AMOR NUNCA PASA DE MODA

Texto: Helen Howard










Cuando conocí a Beatrice y Francisco me recibieron con una gran sonrisa, parecían exultantes de alegría. Son sin duda una buena muestra de que las decisiones que tomamos afectan de manera sustancial a la calidad y el contenido de las experiencias que vivimos.

 

“Beatrice San Francisco” da nombre a las bellas prendas de vestir que ellos mismos confeccionan a mano y se ha convertido ya en una de las marcas más conocidas en Ibiza. Cada año, durante las últimas siete temporadas, la empresa ha sido seleccionada para mostrar sus creaciones en la pasarela “Moda Adlib”. Dicho desfile cuenta con la participación de algunos nombres importantes, aunque es el gobierno local quien escoge a los que considera ser los mejores diseñadores de la isla. Además, en 2010 estuvieron en el “Blue Fashion Festival”, un evento que pretende ser un gran escaparate para los 15 mejores diseñadores de moda en España.

 

Por extraño que pueda parecer, detrás del éxito de Beatrice y Francisco hay una historia a la vez sencilla e inspiradora que se resume con una sola frase: se han dejado llevar por el corazón. Es fácil creerse el cuento de que para triunfar en los negocios debemos hacer grandes sacrificios o tener mucha suerte. Pero a medida que los vas conociendo mejor, uno se da cuenta de que en el caso de este tándem creativo los beneficios han sido mucho mayores precisamente porque se han mantenido fieles a sus valores más profundos.

 

Aparte de ser pareja en el ámbito profesional, también lo son en el amor. Están casados y tienen dos hijas de 9 y 15 años. Desde el principio se atrajeron como imanes. Al poco tiempo de estar juntos, Francisco decidió intentar tejer uno de los diseños de su esposa. Al principio el resultado fue bastante desastroso, pero fue mejorando con las enseñanzas de Beatrice. En un mes ya era capaz de tejer vestidos increíbles, y lo mejor es que ya formaban un equipo. Sin embargo, en sus inicios estuvieron a punto de ser víctimas de su propio éxito. En una ocasión un cliente les compró toda su colección y empezaron a trabajar “como burros”. Beatrice cuenta que a menudo tenía que trabajar 20 horas diarias y sufría de constantes dolores de cabeza. Entonces decidieron que no valía la pena sacrificarse de esa manera, por mucho que les pagaran, y empezaron a pensar en cómo podían cambiar la situación. Anularon aquel lucrativo contrato y Beatrice empezó a practicar meditación y yoga. En poco tiempo sus jaquecas desaparecieron por completo y se sentía más feliz, relajada. Está convencida de que seguir con la práctica de dichas disciplinas la ayuda a mantenerse positiva y centrada.

 

Ambos también empezaron a dedicarse a otras actividades que les hicieran sentirse bien, sobre todo disfrutar de su vida familiar, que también incluye perros, gatos, gallinas, ranas y peces. También tienen un gran jardín con más de 100 árboles frutales del que se ocupan ellos mismos. Beatrice a menudo prepara botes de mermelada y de tomate en conserva, y a Francisco le encanta la jardinería, pintar y fabricar objetos de madera, por lo que la familia a menudo se embarca en proyectos comunes: música, cocina o cualquier actividad que les apetezca compartir. De hecho, ambas hijas de la pareja también muestran gran interés por el mundo de la moda: al igual que Francisco han aprendido a tejer algunas prendas con mucho estilo y también aparecen en varios catálogos y revistas vistiendo la ropa diseñada por sus padres.

 

Si bien han priorizado sus ideales con el fin de crear una vida que los haga sentirse realizados, el negocio de la moda ha seguido floreciendo por sus propios méritos, y la pareja trabaja sin necesidad de tener que asistir a ferias comerciales: han conseguido darse a conocer de manera que los clientes se ponen en contacto con ellos directamente. Ahora tienen un taller de confección en Barcelona y han llegado al punto en que pueden tomarse unas vacaciones siempre que las necesitan. Crean nuevos diseños cuando sienten que fluye una creatividad genuina, y no porque estén obligados a entregar un pedido. A menudo la inspiración proviene de la naturaleza; de hecho Beatrice afirma no comprar nunca revistas de moda, y tampoco se fija demasiado en las tendencias de turno. Ella prefiere salir a pasear o hacer jogging y es entonces cuando se le ocurren sus mejores ideas. Tener los pies en la tierra y permanecer cercana a la naturaleza y a las personas continúa siendo muy importante para ella. Por eso, y a pesar del éxito cosechado, no es extraño seguir viéndola al frente del puesto que “Beatrice San Francisco” mantiene en el mercadillo de Las Dalias.

 

No pasa un solo día sin que Francisco y Beatrice no den las gracias por lo que tienen. Sienten que manteniéndose fieles a sus valores más preciados y viviendo cerca de la naturaleza han podido crear un entorno vital repleto de amor y creatividad.

 

En una época en que las fábricas lo producen todo y los valores corporativos parecen dictar cada vez más nuestro ritmo y estilo de vida, siempre es refrescante conocer a personas que han elegido un camino distinto, y comprobar que sigue siendo posible hacer nuestros sueños realidad.