EDICIÓN 47: Junio - agosto 2011

EL IMPULSO EVOLUTIVO

Texto: Jerry Brownstein



A lo largo de la historia de la Humanidad, nos hemos sentido fascinados por tres eternas preguntas: ¿Quiénes somos? … ¿De dónde venimos? … ¿Cuál es el objetivo de nuestras vidas?  Cómo respondemos a ellas forma la base de cómo nos vemos a nosotros mismos en el mundo, y también determina el tipo de sociedades que creamos. Durante los últimos 150 años, la ciencia se ha basado en la teoría de la evolución de Charles Darwin para dar respuesta a estas cuestiones vitales, y como resultado casi todos los aspectos de nuestra cultura occidental reflejan esta visión del mundo. Pero, ¿y si Darwin se equivocó? ¿Y si los cimientos de nuestras estructuras económicas, ecológicas, políticas y sociales se basan en premisas falsas? ¿Sería posible que el verdadero impulso evolutivo de la Naturaleza sea todo lo contrario a la teoría de Darwin?
 
La visión darwiniana predominante dice que somos el resultado de un proceso evolutivo arbitrario que nos motiva a buscar la supervivencia del individuo a toda costa. La vida misma se supone que surgió de forma espontánea del mundo material inerte, y los seres humanos habríamos evolucionado a través de mutaciones genéticas aleatorias. De acuerdo con esta teoría, de vez en cuando una criatura afortunada experimentó una mutación genética accidental que creó una característica útil para su supervivencia. Ese individuo pasó esta maravillosa nueva característica a sus descendientes, y tras millones de generaciones, pasaría a ser parte de la especie humana. Se nos enseña que este proceso de causación accidental es responsable de todas las características útiles que poseemos. La teoría de Darwin también declara que la competitividad es el comportamiento natural de todas las especies, incluida la humana, y que cada uno de nosotros ha sido programado para valerse por sí mismo en una constante lucha por la supervivencia. Así que las respuestas darwinianas a las eternas preguntas están claras: ¿Quiénes somos? – Simios evolucionados, pura materia física. ¿De dónde venimos? – Somos el afortunado resultado de una serie de mutaciones aleatorias accidentales. ¿Cuál es el objetivo de nuestras vidas? – La supervivencia...
Durante más de un siglo la ciencia convencional nos ha estado contando la misma historia: la raza humana es una mera forma compleja de materia física que surgió por casualidad, y debemos luchar unos contra otros para sobrevivir. Esto ha creado una sociedad materialista totalmente desequilibrada, basada en el miedo, la avaricia y la escasez, que abusa del medio ambiente, consume demasiados recursos y crea conflictos constantes. Todo ello suena bastante nefasto y desalentador, pero por suerte hay una visión del mundo alternativa que señala el camino hacia un futuro mucho más brillante y sostenible. Los conocimientos científicos más punteros reafirman esta idea de impulso evolutivo diferente – uno que ofrece respuestas positivas a las eternas preguntas.
¿Quiénes somos y de dónde venimos? La ciencia convencional nos ha llevado a creer que somos partículas de materia insignificantes y el producto final de una biología aleatoria... pegotes de protoplasma accidentales aferrados a una roca grande que vuela a toda velocidad por el espacio... La verdad es muy diferente, y sugiere que hay una intencionalidad consciente tras nuestra existencia. Las últimas investigaciones nos indican que hace unos 200.000 años los seres humanos aparecimos de repente sobre la faz de la Tierra. Estaban completamente formados y eran básicamente tal como somos hoy en día – incluyendo el tamaño de sus cerebros. Cada vez más indicios apuntan a que ocurrieron cambios específicos en su ADN en ese tiempo que les otorgaron muchas de nuestras capacidades humanas únicas. Esta transformación radical de los simios pre-existentes sucedió con mucha rapidez, y no pudo haber sido resultado de una evolución gradual darwiniana. La ciencia no sabe aún exactamente cómo pudo suceder esto, pero los datos señalan que somos mucho más que meros accidentes biológicos.
 
¿Cuál es el objetivo de nuestras vidas? El principio darwiniano aceptado es que la Naturaleza se basa en la “ley del más fuerte”, lo que significa que nuestra motivación más profunda es competir entre nosotros para obtener lo que necesitamos. Este es el fundamento de nuestra sociedad actual, pero si lo analizamos más de cerca veremos que la realidad es totalmente opuesta. A lo largo de los últimos cincuenta años, más de 400 publicaciones científicas contrastadas sobre la naturaleza han intentado contestar una sencilla pregunta: “La competitividad orientada a la supervivencia, ¿ayuda a una especia a prosperar?”. La respuesta en cada caso fue un NO rotundo, porque los resultados del 100% de estos estudios mostraron claramente que competir por los recursos siempre lleva al fracaso. Toda la investigación científica en torno a este tema concluye unánimemente que la mejor forma que tiene una especie en la Naturaleza de sobrevivir y prosperar es a través de la ayuda mutua y la cooperación.

Esta tendencia natural hacia la totalidad y la armonía es el impulso evolutivo que nos guiará durante estos tiempos fundamentales en la historia de nuestro planeta. Las cosas que se están desmoronando en nuestra sociedad actual son las que son insostenibles, porque han sido construidas sobre razonamientos falsos. Para que la especie humana prospere, hemos de trascender estas viejas creencias para que las elecciones que tomemos estén alineadas con la verdad de nuestro ser.  Es nuestra sensación de identidad la que determinará la dirección que tomemos, así que es importante que nos conozcamos, no como accidentes biológicos sino como seres conscientes, que a su vez somos aspectos individuales de una conciencia única más amplia. Nuestro objetivo es claro. Es ir más allá de la mentalidad predominante de competitividad y escasez, despertando a nuestra verdadera naturaleza de amor, generosidad, creatividad y cooperación. Al hacerlo, realizaremos el verdadero camino evolutivo de nuestra especie, que es crear una vida en la Tierra que sea un resplendoroso reflejo de nuestras más elevadas cualidades.






Imágenes del artículo