EDICIÓN 41: Junio - Agosto 2010

GRACIAS A DIOS POR LA EVOLUCIÓN *

Texto: Dassana












Desde que los humanos empezamos a utilizar la palabra para comunicarnos y para pensar, hemos contado historias también para contestar a las preguntas fundamentales de la existencia:
 
¿Quiénes somos?

La cuestión de la identidad

¿De dónde venimos?

La cuestión del origen

¿A dónde vamos?

La cuestión del destino

¿Por qué estamos aquí?

La cuestión del propósito

¿Qué es lo que importa de veras?

La cuestión del significado

¿Cómo hemos de vivir?

La cuestión de la moralidad/acción correcta

¿Qué sucede cuando morimos?

La cuestión de la finalidad y la continuidad
 
En nuestro mundo occidental, las respuestas a estas cuestiones fueron integradas en nuestra cosmología, en la historia misma de la creación. La cosmología de la Biblia ha tenido un enorme efecto sobre el pensamiento y las instituciones occidentales, así como en nuestra comprensión sobre nuestra relación con el resto de la naturaleza. Tanto nuestras leyes como nuestra medicina, religión, política, economía y educación han sido definidas en gran medida por la cosmología bíblica. Durante siglos nos imaginamos a Dios como un Terrateniente Supremo, que vivía fuera de este planeta, separado y superior a la naturaleza. Nos consideramos a nosotros mismos también como separados y superiores a la naturaleza, ya que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios. La naturaleza desde nuestro punto de vista era corrupta, debido a la “caída” de Adán y Eva.
 
















Por tanto, el “progreso” se equiparó al ejercicio de un control cada vez mayor sobre la naturaleza en beneficio de los humanos. Hasta hace poco estas creencias se daban por sentado y apenas se debatían. Se trataba de formas de creer y asumir la realidad heredadas e inconscientes.
















Aunque tales creencias pueden ser directa o indirectamente responsables de gran parte de la devastación ecológica que está teniendo lugar hoy en día, también han hecho posible enormes avances científicos y tecnológicos. Irónicamente, algunos de estos avances científicos son ahora los pilares de un despertar eco-espiritual que tal vez nos empuje hacia el único futuro viable para la humanidad y el resto de la comunidad de vida en este planeta.
 
Descubrimientos recientes en biología, geología, química, física y astronomía indican que el Universo no se parece en nada a la Gran Máquina que la ciencia mecanística ha supuesto que era durante los últimos trescientos años. Cada vez más científicos sugieren ahora que el Universo es más bien un organismo que evoluciona y madura – un sistema vivo – que se ha estado desarrollando durante 15 billones de años. Se fue haciendo cada vez más complejo y diverso, empezando con el hidrógeno, después formando galaxias, estrellas y planetas, y evolucionando formas de vida cada vez más sofisticadas a lo largo del tiempo. Ahora el Universo puede, a través de nosotros, pensar de forma consciente sobre sí mismo, su significado, lo que es y cómo se desarrolló. “La persona humana es la suma total de 15 billones de años de evolución ininterrumpida que ahora reflexiona sobre sí misma”, afirmó Teilhard de Chardin hace medio siglo.



















Cuando miramos a través de un telescopio, se trata literalmente del Universo observándose a sí mismo. Los humanos somos el instrumento a través del cual el Universo puede percibir su propia belleza y sentir su profundidad de forma consciente. No somos seres separados del Universo; somos una expresión del Universo. No hemos venido a este mundo; crecimos de él, de la misma forma que una manzana crece de un manzano.
 
Esta visión de la evolución, esta nueva versión de “Érase una vez”, nos incita a abrazar la posibilidad – muy realista, por cierto – de que la evolución está sucediendo ahora mismo, a través nuestro. Ahora que sabemos que todo lo que somos es el resultado de billones de años de evolución, y que ninguna especie puede vivir aislada de las demás, podremos por fin entender que el futuro de nuestra especie depende del futuro de este planeta. Esta es una de las grandes lecciones de la visión evolucionista del mundo.

Más Información:
www.andrewcohen.org

 










* Basado en el libro “Thank God for Evolution” de Michael Dowd, publicado por Plume.

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