EDICIÓN 45: Febrero - Abril 2011

DESNUTRICIÓN EMOCIONAL

Texto: Milan Hollister



















El término de “niño saludable” tiene que ver con algo más que el simple estado fisiológico. No cabe duda de que es importante dar de comer a nuestros hijos con los alimentos adecuados, porque una buena nutrición tendrá un impacto duradero tanto en la salud física como en la emocional. En occidente somos bastante afortunados puesto que son muchos los niños que no pasan hambre. Sin embargo, como sociedad estamos propiciando cada vez más una tendencia mucho más devastadora: dejar que nuestros hijos carezcan de sus necesidades emocionales. Esta particular “desnutrición” puede llevar a un niño a un sinfín de dificultades en la vida, como tener una menor capacidad para soportar el estrés, problemas de relación con los demás, baja autoestima, dificultades en la vida escolar, abuso en el consumo de drogas y alcohol o problemas académicos. Está claro que las dificultades de este tipo pueden tener orígenes varios, pero también pueden ser el resultado claro de no alimentar, nutrir, ni fomentar la inteligencia emocional de un niño.



La triste realidad es que muchas personas no son capaces de ver que sus hijos están pasando por problemas emocionales. Muchos tienden a pensar que a menos que un niño se encuentre en una situación de crisis, no necesita una actuación que revitalice sus emociones. Los niños necesitan lo mismo que necesitamos todos: apoyo emocional, aceptación incondicional y amor. Sin embargo, los niños también necesitan constantes recordatorios y modelos de conducta para dar respuesta a aquello que más les hace falta: las herramientas y los conocimientos más sencillos y fundamentales sobre los valores humanos básicos.

Desafortunadamente, la mayor parte de los niños de hoy en día están influenciados por elementos externos. Muchas de sus reacciones y actitudes caprichosas son un reflejo de lo que ven en los medios de comunicación y la sociedad en general. El problema radica en que la mayoría de los niños conocen los conceptos morales básicos, como la no-violencia, la paz, la buena conducta, el amor y la verdad. No obstante, muchos de ellos no poseen los elementos prácticos para su aplicación que les pueden ser útiles en momentos difíciles.

Entonces, ¿cuál es la respuesta para resolver este enigma emocional? Sin duda es más fácil decirlo que hacerlo. Como padre o madre, educador y miembro de una comunidad, esto requiere tiempo, paciencia, fortaleza y sobre todo el deseo de tener hijos emocionalmente sanos y mejor alimentados. En el fondo la respuesta en sí misma es conceptualmente muy sencilla:


1) Permitir que nuestros hijos sean quienes son de manera innata. Los niños necesitan soñar y fijarse objetivos por sí mismos.
2) Disfrutar de cada uno de los momentos en los que se encuentren nuestros hijos. Cada niño tiene su ritmo y es importante no medir el éxito de uno comparándolo con otro. Fomentar los talentos y las habilidades únicas de cada niño es una manera segura de promover una buena autoestima.
3) No importa lo que un hijo diga o haga, siempre hay que darle amor incondicional y apoyo. Si los niños cometen errores, hay que hablar tranquilamente con ellos sobre lo sucedido y recordarles que pase lo que pase, siempre les vamos a querer, aunque sus decisiones nos decepcionen. Nutrir una relación incondicional con nuestros hijos les proporcionará un refugio seguro en épocas difíciles y abrirá las puertas para una comunicación fluida.
4) Debemos escuchar a nuestros hijos... y dejar que su voz sea una parte real de la dinámica familiar. Los niños aprenderán a elegir de manera acertada si también se les permite decidir. Por eso es bueno mantener reuniones familiares e incluirlos en el proceso de toma de decisiones.
5) Debemos dar a nuestros hijos varias opciones y dejar que se equivoquen. Como todo el mundo, los niños necesitan tener oportunidades de aprender y crecer. Y como nos ha pasado a todos, a menudo aprendemos más de nuestros mayores errores.
6) Tenemos que mostrarles que los actos de cada uno acarrean consecuencias. Dejemos que participen. Los niños tienden de manera natural a ser más exigentes con ellos mismos cuando son partícipes de un proceso de “sanción”.
7) Debemos animar a nuestros hijos a que jueguen (¡y también jugar con ellos!) Si les enseñamos el valor del tiempo lúdico, estaremos promoviendo su equilibrio como personas.
8) No dejemos de dedicarles tiempo, como hablar con ellos y sobre todo escucharles, leer o caminar juntos, y por lo general disfrutar de los momentos que compartimos con ellos.
9) Promovamos su crecimiento espiritual. Aquellos niños que han tenido el apoyo y la oportunidad de crecer espiritualmente son más felices y equilibrados.
10) Debemos enseñarles a ser tolerantes, a no juzgar y a respetar todo lo que existe en nuestro planeta.
11) Y lo más importante, debemos recordarles cada día de su vida lo mucho que valen y cuánto les queremos, respetamos y apreciamos por lo que son. Finalmente, no hemos de olvidar darles siempre… ¡muchos abrazos!

 





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