EDICIÓN 42: Agosto - Octubre 2010

CELEBRANDO EL AMOR

Helen Howard

El amor tiende a aparecer de forma curiosa, a menudo inesperada, otras veces poco conveniente, a pesar de lo cual normalmente es bienvenido... El amor puede derretir un corazón helado, aportar color y calor, y renovar la inspiración de quienes empiezan a preguntarse por el sentido de esta vida.

Hay muchísimas variedades de amor, pero una expresión en especial es la que ha inspirado tantos y tantos sueños y leyendas: el tipo de amor tan intenso y sentido que impulsa a la gente a querer pasar toda la vida juntos. Muchas personas anhelan encontrarlo, pero no todas lo hacen, haciendo que sea aún más precioso y extraordinario para quienes lo hallan. Por suerte, no son sólo los enamorados quienes se benefician de ello, sino que puede ser una experiencia muy hermosa para quienes les rodean también.

Incluso en estos tiempos de relaciones volátiles, muchas personas que han desarrollado este vínculo eligen casarse – aún hoy puede ser una forma muy poderosa de decir “esta persona es muy, muy especial para mi”. Por supuesto que es fácil ser cínico, y está claro que el matrimonio tiene significados muy diferentes para unas y otras personas. Siempre ha habido quienes, guiados por las circunstancias o la necesidad, se unen por motivos ajenos a la expresión del amor, y también están las personas que sienten un intenso amor, pero que no sienten el impulso de demostrarlo casándose. En todo caso, el casamiento sigue siendo a menudo la forma que eligen dos personas para reconocer y celebrar el amor especial que sienten – simbolizando no sólo ese amor, sino además tal vez entre otras cosas una compatibilidad percibida y un deseo de acompañarse en los altibajos de la vida.

En la mayoría de las culturas, el matrimonio se ha sellado tradicionalmente con algún tipo de ceremonia religiosa. Pero ahora vivimos en un mundo en el que las ideas y las creencias se van transformando. Muchas personas no se sienten cómodas con una ceremonia que no refleje sus creencias, pero a pesar de ello desean hacer algo que marque la ocasión.

A lo largo de los últimos años han aparecido posibilidades alternativas de celebrar de forma más personalizada el amor que siente una pareja, y ya hay varias personas en Ibiza que facilitan tales ceremonias, cada una con un énfasis diferente.

Hace poco me encontré con Jon Michell Fueter, que vive en la isla desde hace más de 22 años. Desde el 2001 ha actuado como maestro de ceremonias en incontables bodas y ha desarrollado su propio y especial estilo, intrínsecamente inspirado por las tradiciones del Norte y del Sur de América. Lo hace, esencialmente, porque cree que el amor engendra amor, y que celebrarlo de forma consciente ayuda a que sea reconocido y experimentado, y tal vez también contribuye a que se extienda – “más amor”, dice, “es algo que el mundo necesita”.

Como miembro fundador de “Namasté”, la primera ceremonia que guió fue para Juanito de Las Dalias. Desde entonces, las peticiones de este tipo de celebración nupcial se han ido multiplicando. El hecho de hablar español, francés, inglés y alemán con fluidez ha hecho que pueda comunicarse con una gran variedad de gente.

Para él es importante que la ceremonia no sea dogmática – por ello, no dicta ni impone opiniones religiosas, sino que basa la ocasión en torno a los elementos vitales de la naturaleza, el potencial del amor en todas sus formas y la realidad actual del mismo en la pareja concreta. Las parejas pueden intercambiar anillos o cualquier otra expresión o promesa de su elección. Normalmente eligen también el lugar – casi siempre un espacio al aire libre, tal vez en una playa apartada, la cima de una montaña, una casa privada o un hotel rural.

Junto a estas elecciones personales, hay otros detalles que para Jon Michell son importantes para contribuir al espíritu de la ocasión: por ejemplo, distribuye los asientos para que los invitados y la pareja formen un círculo – al contrario que la mayoría de bodas religiosas, donde sólo se ven las espaldas de los contrayentes. También arregla un “altar” como punto de enfoque en el que coloca objetos especiales para simbolizar los elementos de la naturaleza, y señala que lo más importante de la ceremonia es el mismo amor – de hecho, él considera que el amor es el “5º elemento”, la sustancia que da a la vida su significado. Cree que el amor es el mayor tesoro que un ser humano puede encontrar, y que “conocer a alguien con quien compartir nuestras vidas no es una certitud, sino un regalo”.

Los asistentes son invitados a estar plenamente presentes en el momento para atestiguar y celebrar “algo único y sagrado”. Las opiniones de los familiares y amigos después del evento son siempre positivas, aunque a veces tengan opiniones religiosas o espirituales propias y diferentes. Jon Michell siente que, incluso entre diferentes creencias, la naturaleza es un medio común a toda la humanidad, tal como lo es, por supuesto, el amor.

Texto: Helen Howard

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