EDICIÓN 39: Febrero - Abril 2010

ONU ¿ACUERDO CLIMÁTICO?

Ana Digón

El grupo de trabajo de la ONU dedicado al desarrollo y la negociación de un “acuerdo sobre el clima” (grupo llamado Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, CMNUCC), celebró una cumbre en Copenhague el pasado Diciembre, donde se negociaron las pautas a seguir para que los países: a) se adapten al caos climático que ya estamos sintiendo, y b) mitiguen o disminuyan sus emisiones de gases de efecto invernadero, reconocidos como una de las causas del aceleramiento del cambio climático.

La ONU sigue la regla de “un país, un voto” y además la toma de decisiones se realiza por consenso, lo que significa que, en teoría, ningún grupo de países puede decidir dejando al margen al resto. Este es uno de los valores positivos del proceso de la ONU, pero también una de sus limitaciones. Aunque sea un proceso más justo que aquellos en los que sólo mandan los ricos, es cierto que desemboca en situaciones tensas y confusas como la de Copenhague, donde algunos países fueron acusados de bloquear el proceso, mientras países débiles fueron intimidados por otros más poderosos – y no se llegó a ningún acuerdo vinculante. A pesar de ello, en general se acepta que la ONU es el espacio diplomático y político donde debe negociarse tal acuerdo global.

El resultado visible de la cumbre es el Acuerdo de Copenhague, un documento negociado a última hora sobre todo por los EEUU y los países del llamado bloque BASIC (Brasil, Sudáfrica, India y China). Este Acuerdo no es vinculante legalmente y además no satisface a nadie: algunas partes están molestas porque no fija los objetivos y herramientas que permitirían a gobiernos y empresas avanzar con el negocio de repartirse el pastel del cambio climático, convirtiéndolo en un producto de mercado y obteniendo beneficios de su compra-venta; otras partes están decepcionadas porque ni las negociaciones ni el Acuerdo abordan las razones reales de las crisis interconectadas a las que nos enfrentamos (caos climático, colapso financiero, degradación medioambiental, injusticia social, desempleo, crisis alimentaria...). Cada vez más gente siente que el proceso de negociaciones climáticas está sirviendo para perpetuar un modelo capitalista/neoliberal que, por su empeño en obtener cada vez más beneficios y crecimiento económico en un planeta finito, sería de hecho responsable de tales crisis.

Es evidente que algunos países se han beneficiado enormemente del modelo económico existente y se han convertido en las “naciones desarrolladas” del Norte global (llamados países del Anexo 1 por la CMNUCC), mientras quienes menos se han beneficiado son los “países en vías de desarrollo” del Sur global. Irónicamente, estos últimos son y serán los más afectados por las consecuencias directas del caos climático, y por ello desean un acuerdo que establezca sistemas financieros y tecnológicos que sean realistas y justos. No quieren que los países del Norte les impongan sus tecnologías, sino que prefieren recibir ayuda para desarrollar las suyas propias, adecuadas a sus realidades. Algunos quieren recibir compensación por su rol de cuidadores de los grandes sumideros de carbono del planeta, y que se les pague la “deuda ecológica” que sienten que les corresponde, mientras otros se niegan a limitar sus emisiones ya que esto supondría detener su floreciente crecimiento industrial y económico, ahora que por fin les toca a ellos.











Claro que los países desarrollados del Norte por su parte están enfrentándose a los efectos de la actual crisis financiera y laboral, y se resisten a comprometer más fondos para adaptación y mitigación al ver que su capacidad de invertir en sus propios países se reduce.

Según el contenido del Acuerdo, es evidente que los países desarrollados recurren como estrategia principal a la compensación por emisiones (offsetting en inglés), lo que supone comprar el derecho a contaminar de otros que contaminan menos (normalmente, países en vías de desarrollo), o plantar árboles para contrarrestar sus emisiones. Sin embargo, hay expertos que avisan de que el offsetting no servirá para reducir emisiones, sino que se trata de una forma peligrosa y poco efectiva de manejar un problema enorme que nos afecta a todos, y que de hecho sirve para desviar la atención de la labor fundamental de reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles.

Otro tema que no ha sido abordado por el Acuerdo, pero que se debatió mucho en Copenhague, es el vínculo entre agricultura y clima. Cálculos recientes indican que la agricultura industrial y los procesos que la acompañan (desde los pesticidas al transporte), suman hasta un 50% de las emisiones globales – mientras produce tan sólo el 30% del alimento humano. Es difícil de imaginar para quienes vivimos en la Ibiza moderna, pero los pequeños productores del mundo que se dedican a la agricultura, la pesca artesana, el pastoreo, la caza y la recolección alimentan de hecho al 70% de la población del planeta. Sin embargo, las tendencias actuales tal como se vieron en Copenhague promueven claramente la expansión del modelo alimentario industrial, que supone una amenaza muy real para todos los pequeños productores.

Entre la confusión y la tensión de las negociaciones, una voz se alzó alta y clara: la de la sociedad civil internacional que se reunió en la Cumbre de los Pueblos, llamada Klimaforum09. Esta cumbre paralela lanzó una declaración que denuncia como falsas las soluciones mercantiles que debate el proceso de la ONU, y presenta toda una serie de propuestas. Sin embargo, recibió poca atención de los medios y fue ignorada por el proceso oficial de la CMNUCC.




Lo que ha quedado claro a través de todo este proceso, que aún continúa, es que los ciudadanos del mundo no podemos esperar a que los políticos solucionen el problema climático – nos corresponde a cada persona, a cada familia, a cada comunidad, tomar decisiones apropiadas en nuestras vidas diarias: eligiendo comprar o cultivar comida ecológica, apoyando a los productores locales, comiendo menos carne, usando menos el coche y más el transporte público, generando menos basura y reciclando la que generamos... Hay muchas formas en que podemos contribuir a cumplir nuestros “objetivos” personales y ser más amables con el medio ambiente... y las generaciones futuras.

Texto: Ana Digón
En próximas ediciones de Ibicasa informaremos
sobre varios temas en torno a las negociaciones climáticas de la O

Imágenes del artículo