EDICIÓN 34: Abril - Junio '09

PERMACULTURA

Uta Horstmann









Jardines llenos de color – hortalizas sanas
Me acabo de despertar, salgo al jardín aún medio dormido y recojo una fresa, grande y roja, de mi propio huerto. Antes era sólo un terreno baldío y pedregoso, pero ahora parece un paraíso: tomates, lechugas, albahaca, pimientos y apio bien jugoso crecen en la tierra negra. No es magia, sino sencillamente permacultura. Transformar terrenos áridos y secos en jardines verdes y fértiles se ha convertido en la profesión de Dylan Efford. Este inglés de 34 años nos lo cuenta en una entrevista: “En Ibiza hay suficiente agua y suelo fértil para que todos sus habitantes se alimenten de frutas y verduras. Aquí, la permacultura puede contribuir al uso eficaz del agua para cultivar hortalizas. Tenemos que aprender a ahorrar agua, como por ejemplo regar las plantas al atardecer y no cuando hace calor.”


¿ En qué consiste la permacultura?
La permacultura es una filosofía de vida orientada al futuro que utiliza los recursos naturales sin necesidad de explotar la tierra. En permacultura no se usan fertilizantes químicos ni pesticidas, más bien al contrario, se utilizan diversas técnicas para enriquecer la tierra y así las plantas nos proporcionan muchas e importantes vitaminas y minerales. “Perma” significa constante, sostenible. En permacultura buscamos soluciones que no dañen a la naturaleza ni al ser humano. La permacultura abarca tanto el uso de las energías renovables (sol, viento y agua), como la regeneración y el enriquecimiento del suelo, pero también el consumo responsable del agua y la electricidad, la buena alimentación, la salud y la jardinería. El australiano Bill Morrison es quien acuñó el término “permacultura” (derivado de “agricultura permanente”): “La permacultura es la creación de pequeños paraísos en la Tierra.”

Se trata de recrear paisajes naturales repletos de fruta comestible, frutos secos y hortalizas con suficiente espacio para que pájaros, animales y plantas puedan convivir junto al ser humano.

Todos podemos integrar la permacultura en nuestra vida. Se puede comenzar con acciones sencillas: comprar productos naturales de la región, minimizar el consumo de combustible, ahorrar agua, etc. Quienquiera que use la permacultura aprenderá a valorar las consecuencias de sus actos. Cada pieza de alimento que comemos tiene su historia. Un huevo convencional, por ejemplo, no suele provenir de nuestro propio gallinero, sino de una “granja” de gallinas de batería donde las aves no tienen suficiente espacio para moverse y los antibióticos se mezclan con el pienso artificial. Es posible desmarcarse de las paradojas del consumismo ciego.






Cada vez hay más personas en todo el mundo que se unen para llevar a cabo proyectos comunes, como la creación de jardines comunitarios y escuelas donde se enseña la permacultura. El proyecto más conocido es la comuna de Findhorn, en Escocia, donde han sabido combinar arte, espiritualidad y autosuficiencia. En Ibiza hay una asociación de permacultura, así como una academia de permacultura. El número de jardines aumenta cada vez más en la isla y varias fincas cuentan ya con diseños globales de permacultura.
Dylan Efford ayuda a todo aquel que desee tener su propio jardín. Visitó la isla hace cuatro años y medio y aprendió mucho de la manera de vivir en Casita Verde, ahorrando energía y viviendo en armonía con la naturaleza. Se familiarizó con las técnicas de permacultura mientras trabajaba junto a su formador en un proyecto para un agroturismo.





Según Dylan, lo más duro es preparar el terreno. Primero hay que quitar todas las piedras para que el jardinero pueda rastrillar la tierra y mezclarla con estiércol. Luego se trazan los bancales y se cubren con paja, para evitar que la tierra se seque demasiado. Una vez hecho lo anterior, se instalan los tubos del riego por goteo, que pueden controlarse manualmente o mediante un programador que permite el riego automático del jardín. Una valla metálica debe proteger los bancales de hortalizas de la amenaza de conejos y otros intrusos. Finalmente, se puede empezar a sembrar. Dylan sigue un método especial: cataloga las plantas por familias y siembra mezclando cultivos que se beneficien mutuamente.

“ Aprovecho al máximo el espacio. Por ejemplo, siembro cebollas cada 10 cm. De esta manera optimizo los recursos del agua y del suelo” dice el experto en permacultura. Estos jardines cuentan con una colorida variedad de frutas y verduras, donde las plantas aromáticas y medicinales también tienen cabida. Hay que evitar la monocultura porque ésta no existe en la naturaleza y atrae a parásitos. Las especies se ayudan entre sí. Por ejemplo, como las cebollas ahuyentan a los caracoles, las sembramos al lado de las lechugas.



Texto: Uta Horstmann









 
 



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