EDICIÓN 30: Agosto - Octubre '08

BUSCASTELL

La fuente de la
eterna juventud





El valle de Buscastell, situado sobre una gran poza de agua subterránea, tiene unos 4,5 km. de largo, condicionados por el riego, y por donde corre un torrente con el mismo topónimo – en el que encontramos un salto de agua natural –, que desemboca en la bahía de San Antonio.



Este manantial, conocido como Es Broll, es el acuífero más importante de la isla ya que alimenta un sistema hidráulico de origen andalusí, todavía en funcionamiento hoy en día, construido por las alquerías árabes de Benirroym y Benimaimó y la bereber Banumaymun en el siglo XIII.





Consta de cinco molinos que ponen en marcha este método de regadío, ubicados sobre una acequia principal, de manera que no entorpezcan el recorrido del agua. Para construir las acequias del sistema se tuvo en cuenta la localización del acuífero y sus pendientes, de manera que la distribución del agua se efectúa mediante ramificaciones para que el agua fluya continua y abundantemente. Además, se construyeron altas paredes de piedra en los laterales del torrente, en disposición de






taludes, impidiendo que la tierra se apodere del mismo. Todo este dispositivo ha funcionado correctamente en el devenir de los siglos, pues hasta hace muy poco, nadie recuerda que estos canales se hubieran secado.








Para recoger el agua se utilizaban albercas, pequeños pozos y balsas en cada parcela de los distintos propietarios de las tierras. La cantidad de agua a la que tenían acceso era proporcional a los bancales que poseían.

Se comenta que las aguas de la famosa fontana del Broll son las que propician la soberbia y caprichosa naturaleza de la zona, y aunque tal vez no tenga las propiedades extraordinarias que se le atribuyen, es bien cierto que la magnificencia del paisaje lo pone en duda, con su denso manto verde a lo largo de todo el año, tejido con flores de mil colores y arbustos aromáticos.

Tal es la belleza del paraje, que el asentamiento humano en este lugar es muy antiguo, como así lo confirman diversas muestras arqueológicas halladas en el valle: hipogeos, restos púnicos, cerámica musulmana… Si no fuera por estos pequeños indicios, que señalan el transcurrir del tiempo, podríamos creer que nos encontramos ante la mítica, legendaria Fuente de la Eterna Juventud, ya que la plenitud de su flora, el legado de su fauna, el silencio, la quietud que impregna el aire, tan sólo roto por los sonidos propios de la naturaleza, provocan tal bienestar que uno no pone en duda sus propiedades mágicas. La tranquilidad más absoluta no requiere reloj. El tictac lo marca la naturaleza, que ofrece oportunidades en cada rincón para redescubrir el paisaje una y otra vez, sin repetirse. Siempre surgen nuevos detalles, sensaciones, sentimientos, ritmos… Sorprende la puesta de sol en el horizonte, donde la intensa luz muestra su radiante esplendor reflejado en el transcurso del agua.








En definitiva, es un lugar paradisíaco que parece esconder una historia, patente en cada trazado de piedra. Este heredado legado de la antigüedad hace de Bucastell un lugar espectacular, de una naturaleza generosa donde el tiempo se detiene.




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