EDICIÓN 25: Octubre - Diciembre '07

JARDINERÍA: TRANSPLANTES

Vicente Cleries









Cuando trasplantamos una planta de una maceta a otra un poco más grande tenemos que tener varios factores en cuenta, como son, por ejemplo, el tamaño de la maceta, que no ha de ser ni tan pequeño que tengamos que cortar mucho el cepellón de la planta, ni demasiado grande, pues no estaría en proporción con el tamaño y desarrollo de la planta.














Tenemos que pensar que la planta estará limitada por el pequeño espacio que hay dentro de la maceta, por lo que tenemos que aportarle una clase de mantillo o mezcla de tierras de trufa, cortezas trituradas, abonos minerales y orgánicos, todo bien mezclado para que la textura del substrato que preparemos sea adecuada a las necesidades de cada planta.










La tierra y el riego

En los viveros se venden tierras preparadas para cada planta. Si hacemos la mezcla nosotros, no debemos pasarnos en la cantidad de abono, pues un exceso del mismo quemaría las raíces de la nueva planta. Es aconsejable poner menos del 3 % de la mezcla.

Otro factor muy importante después de hacer el trasplante es el riego. El primer riego debe ser abundante, hasta que veamos salir el sobrante por el agujero que, por supuesto, habremos preparado previamente con unas piedras tipo grava para que la tierra no tape la salida.
















Es curioso, pero esta semana pasada han venido dos clientes y me han dicho que al ficus benjamina que han trasplantado se le caen las hojas. Todo se debe a que después del trasplante el primer riego ha sido superficial y no ha empapado bien toda la tierra donde se encuentra el cepellón. La mezcla de tierra seca ha absorbido la poca humedad que tiene la planta a través de sus raíces y el efecto ha sido el contrario. La planta ha perdido la humedad y se ha deshidratado, con la consiguiente pérdida de hojas y, por supuesto, el muy difícil retorno, ya que las venas de las plantas o vasos liberianos se secan, se cierran y después, por mucho agua que le pongamos, la planta ya no es capaz de absorber la humedad por las raíces y hacer que ascienda hasta las hojas.

Esto vale también para cuando tengamos que plantar un arbolito en tierra. Incluso diría más: si cuando plantamos un arbolito se pone a llover, no nos debemos fiar. Hay que hacer un alcorque y ponerle dos cubos de agua. Seguro que si lo hacéis así no tendréis el fracaso de los dos clientes que tuve esta semana pasada.


















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