EDICIÓN 43: Octubre - Diciembre 2010

EL AMANECER DE LA TRANSFORMACIÓN

Texto: Jerry Brownstein
El mundo está despertando a un nuevo nivel de consciencia, a medida que cada vez más gente de todos los rincones del planeta se va dando cuenta de que estamos conectados a algo más grande que nosotros mismos. Aparecen centros de yoga en cada barrio; la medicina alternativa es aceptada y practicada por millones de personas; los libros sobre meditación y crecimiento espiritual son líderes en ventas. Cada vez más gente estamos sintiendo que el ritmo del mundo que hemos heredado no está en armonía con la canción que resuena en nuestros corazones. Hay algo en lo más profundo de nuestra esencia que nos dice que “tiene que haber algo mejor” y nos mueve a buscar alternativas a lo establecido. Según va emergiendo esta consciencia en las personas, éstas empiezan a tomar decisiones conscientes en sus vidas diarias – elecciones que reflejan sus valores más elevados. De forma instintiva, gravitan hacia otras personas que están evolucionando en la misma dirección, lo que crea una dinámica fuente de energía con potencial para facilitar un cambio transformativo.
 
        

La Naturaleza nos ofrece una maravillosa analogía de este tipo de transformación: la metamorfosis de la humilde oruga en una bella mariposa. En su última etapa de vida, la oruga consume vorazmente muchas veces el equivalente a su peso corporal, haciendo que se hinche tanto que ya no se puede mover. En este punto, lo único que puede hacer es colgarse boca abajo de una rama, donde poco a poco se envolverá en una capa protectora llamada crisálida. Dentro de este oscuro envoltorio la oruga empieza a descomponerse... pero sucede algo extraordinario. Entre el caos del cuerpo en descomposición de la oruga aparece un tipo de célula nueva, como si surgiera de la nada. Los biólogos las llaman Células Imaginales porque llevan en su interior la información y la imaginación para crear algo completamente diferente.

Quienes queremos vivir en un mundo que refleje nuestros ideales más elevados somos las células imaginales de la sociedad, pues tenemos la imaginación necesaria para vernos a nosotros mismos como algo más que lo que nos dice nuestra cultura que somos, más allá de nuestros programas y condicionamientos. Utilizando esta consciencia para alinear nuestros pensamientos y nuestras acciones con nuestra verdadera sabiduría interna, nos convertimos en fuente de inspiración para que otras personas sigan el mismo camino. Tal es la evolución de la consciencia que vemos desarrollarse a nuestro alrededor pero, ¿puede crecer y fortalecerse lo suficiente como para traer un cambio significativo al mundo? La respuesta a esta pregunta pueda tal vez encontrarse precisamente en el enorme poder de la intención humana.

A lo largo de los tiempos, místicos y sabios han hablando de la “unidad” que nos vincula a todo el resto del Universo. La ciencia moderna ahora ha demostrado que existe de hecho tal campo de conexión, y que se ve fuertemente afectado por nuestros pensamientos y nuestras emociones. Prueba de ello son las mediciones por satélite del campo magnético de la Tierra, que siempre permanece dentro de un margen específico, excepto cuando se dan eventos que atraen mucha atención humana. El 11 de Septiembre del 2001, el campo magnético del planeta Tierra sufrió un pico, muy por encima del nivel normal, y se mantuvo en esa inestabilidad durante días (ver gráfico en la página 10). Se han registrado mediciones similares en otros momentos en los que han sucedido eventos que han concentrado la atención emocional de los humanos. ¿Por qué es esto importante? Porque gracias a la física cuántica sabemos que todo nuestro mundo físico se sostiene por la energía electromagnética y que esta misma energía nos conecta unos a otros a través de todo el campo. Estos datos y otros estudios similares sugieren que, concentrando nuestra atención, podemos ejercer una influencia profundamente transformativa sobre toda la humanidad y el mundo que nos rodea.
 


*Satélites medioambientales geosincrónicos operativos que miden el campo geomagnético de la Tierra.

 
El reto al que nos enfrentamos ahora es aprender cómo servirnos del increíble poder de la atención, centrándolo en nuestra intención de realizar un cambio positivo. La buena noticia es que el equipo que necesitamos para lograr esta tarea lo tenemos muy a mano. El transmisor más potente que tienes para proyectar tus intenciones hacia el mundo no es tu cerebro – es tu corazón – porque el campo electromagnético del corazón humano es cinco mil veces más poderoso que el del cerebro. Pero la cosa se pone aún mejor. Estudios recientes han demostrado que, cuando sentimos emociones que emanan del corazón como el amor, la compasión, la gratitud y la amabilidad, creamos coherencia entre el corazón y el cerebro, lo que incrementa de forma exponencial el poder de nuestra intención/atención. Esto significa que un número relativamente pequeño de personas, proyectando estas emociones basadas en el amor, pueden tener un efecto enorme sobre el campo que conecta a todas las personas y que subyace a toda nuestra realidad física.

Al igual que las células imaginales se unen para crear belleza a partir de la podredumbre, las personas podemos crear una comunidad de almas conscientes con el potencial de transformar el mundo. Todo empieza con la elección de vivir de forma consciente para que nuestras vidas se conviertan en reflejo de los sentimientos que emanan de nuestros corazones. Al hacerlo, nuestra intención positiva se concentra como un láser, enviando un poderoso mensaje que se ve reflejado y aumentado en la misma matriz del Universo. •

 

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